Al rescate del pago: Revalorización del patrimonio rural a través del turismo

Revalorización del patrimonio rural a través del turismo

*Por Juan Andrés Pardo.- El Turismo rural es una apuesta por demás interesante para turistas y viajeros de todas partes del mundo. En el Uruguay existen más de 100 tipos de emprendimientos registrados en el Ministerio de Turismo dedicadas a esta modalidad. En 1995, se fundó la Sociedad Uruguaya de Turismo Rural y Natural (SUTUR) que fue un primer puntapié institucional de relevancia para su desarrollo.

SUTUR nuclea un 40% de estas propuestas que van desde estancias y posadas a restaurantes de Campo y Bodegas. Además hay otro tipo de servicios relacionados con el turismo aventura en espacios rurales y/o de naturaleza. Todas ellas con muy buena calidad en atención y servicios.

En la mayoría de los casos se apunta a ofrecer experiencias auténticas representativas de la vida rural y también desde algunos de los emprendimientos, se pregona la posibilidad de un desarrollo sostenible para las comunidades, lo cual no necesariamente significa que ello se cumpla en el 100% de los casos.

Son propuestas que generan mano de obra laboral y permiten a pobladores del medio rural la posibilidad de un complemento económico para sus familias.

Lo cierto es que, salvo pocas excepciones, hoy en día la mayoría de los casos son emprendimientos desarrollados por inversores extranjeros o provenientes de ciudades que han visto en el turismo rural una posibilidad rentable para explotar. Quiero decir, no necesariamente se distribuyen los beneficios en las propias comunidades rurales sino que quedan en mayor grado en manos de los emprendedores.

Ante esto, sin dudas el mejor camino es el del turismo comunitario, que permite una distribución más equitativa para los pobladores. Una modalidad donde los habitantes del medio rural sean los propios emprendedores, o donde al menos tengan una mayor  influencia en la cadena de valor turístico, manteniendo sus oficios tradicionales y revalorizando a su vez los recursos naturales y culturales locales.

El turismo comunitario implica además una experiencia turística más auténtica para los visitantes. En este aspecto es en el cual quiero focalizarme.

El valor de la vivencia como experiencia enriquecedora a la hora de viajar. Una cosa es disfrutar como turista de las actividades del campo, pero otra bien distinta es que un poblador rural sea quien acompañe la experiencia relatando las costumbres y tradiciones de lo que es la vida en el campo. Permite al visitante una mayor valoración y acercamiento a la cultura rural de la cual solamente el 5% de los uruguayos forma parte. En Uruguay, donde más del 80% del territorio es campo, vaya si será importante que se mantenga y se conozca lo que es su patrimonio rural.

Por otro lado, es necesario (y factible) innovar en materia de eventos y propuestas aprovechando los espacios naturales y rurales de cada lugar relacionándolas con el patrimonio intangible a través de la gastronomía elaborada con productos de cada zona e integrando relatos y narraciones de cada lugar.

Un ejemplo interesante en este sentido, ha sido la realización de “Luna Llena en el Palmar”, un evento realizado en noviembre pasado en los maravillosos palmares de Guichón organizado por el grupo local de guías con apoyo de la Dirección de Turismo de la Intendencia de Paysandú y MINTUR, donde precisamente la apuesta es revalorizar ese magnífico lugar a través de sus paisajes y su gente.

De la mano de baqueanos del lugar, la actividad incluyó un recorrido por el palmar, cena con plato típico de la zona y la participación del popular narrador Néstor Ganduglia, quien también compartió sus relatos mágicos a la luz del fogón. Más de 40 participantes de distintas ciudades asistieron al evento, que tuvo una muy buena valoración por parte del público.

La clave: trabajo en red y asociativismo

El turismo comunitario puede ser posible a través del desarrollo cooperativo como sociedades de fomento rural[1] o grupos locales, generando trabajo asociativo donde deben estar también involucradas instituciones estatales (Intendencias, Ministerios), agencias de desarrollo local y/u organizaciones no estatales que apoyen el trabajo en red. Hay experiencias en la materia, todas ellas vienen dando buenos frutos, como por ejemplo el trabajo que se viene haciendo en Guichón, Nuevo Berlín y San Javier desde hace buen tiempo.

Es imperioso potenciar un verdadero desarrollo sostenible de las comunidades rurales, hacer una puesta en valor de lugares tantas veces olvidados por el centralismo tradicional y característico de nuestro país. Porque como dice la canción de Larbanois y Carrero: “árbol sin raíces no aguanta parado ningún temporal”. Es necesario defender el patrimonio intangible del Uruguay rural y el sector turístico puede y debe cumplir un rol de relevancia en este aspecto.

Finalizo con una reflexión realizada por el amigo Ganduglia quien ha dicho alguna vez: “existen personas que cultivan la palabra sagrada, son historias simples de gente anónima que no está en libros de historia, son historias de almacenes, fogones y boliches que conviven en plena era globalizada; más allá de la sustitución de almacenes por supermercados y la aparición de tecnologías… el universo mágico popular resiste”.

Y sigue siendo así. Pese a todo, la cultura rural resiste. Y estoy convencido de que el turismo puede ser un motor que ayude a mantener vivo el rico patrimonio tangible e intangible que habita en el campo uruguayo.

*Magister en Dirección y Consultoría Turística- Univ. Europea del Atlántico / Coordinador de Uruguay Alternativo

[1] Según datos aportados por la Comisión Nacional de Fomento Rural, existen cerca de 100 entidades a nivel nacional.