DÍA 12 – Jornada familiar en Sarandí del Yí

Jueves 20 de junio 2013.

El día anterior habíamos llegado con poca luz a la localidad de Villa del Carmen donde conocimos la bodega González, por lo cual hoy volveríamos al pueblo “del buen pan y vino” para visitar los viñedos y conocer más sobre la cultura bodeguera, de la cual ya hemos visto algo en este viaje.

La producción de trigo y la viticultura son los pilares tradicionales indiscutidos de esta villa ubicada en el centro-sur del departamento a 60 kilómetros de la ciudad de Durazno.

Después de finalizar nuestra visita a la bodega en El Carmen, seguimos unos 40 kilómetros por la ruta hasta llegar al próximo destino, Sarandí del Yí. Al igual que días anteriores, hoy no tenemos muy claro los kilómetros que iremos a recorrer ni donde pasaremos la noche, lo cual le pone adrenalina a la jornada.

Desde Montevideo a esta ciudad, llegarían Natalia y Mathías, dos amigos de Fede, que se integrarían al grupo por unos días.

Una vez más, nos volveríamos a sorprender con la simpleza natural de la gente del interior. En tan solo quince minutos pudimos planificar y coordinar toda la logística básica para el resto de la jornada.

Fede, Ayrton y yo nos fuimos hasta el Municipio donde conocimos a Daniel Gómez  (conocido en la ciudad como “Gomito”) que en pocos minutos consiguió donde alojarnos y brindó información sobre lugares para conocer en la ciudad.

Mientras tanto en los alrededores de la plaza principal, Lucía y Eugenia conocían a Ramón Torena, un productor rural de la zona con quien entablaron un diálogo que culminó con la invitación a conocer su chacra más tarde y la sugerencia de ir a comer “a lo de Mary”, una vecina con buenas cualidades culinarias que elabora platos caseros para vender a domicilio. Su casa está frente al gimnasio, inaugurado hace pocos días.

Fuimos atendidos por la misma cocinera, quien nos dijo ya haber vendido todo al mediodía, pero se ofreció para cocinarnos a la noche: “preparo la mesa para siete personas, ustedes díganme qué quieren comer y a qué hora vienen”, dijo de manera sencilla y directa. “Canelones” le respondimos, y así fue como pactamos que, sobre las 21.30, volveríamos a su casa que se convertiría también en nuestra casa.

Al lado del gimnasio nuevo se encuentra una placita con juegos, donde pasamos un rato entretenidos con las hamacas y toboganes.

De retorno a la plaza principal cuyo nombre es “Dr. Alberto Enamorado”, sobre un banco disfrutamos nuestro almuerzo (panchos y hamburguesas de carrito). En el camino hacia la agencia de ómnibus, donde llegarían Natalia y Mathías, nos topamos con una marcha “Por la vida”[1] de unas cincuenta personas, donde prevalecía la presencia de monjas y chicas adolescentes.

Ahora somos siete, por lo cual nos movilizaremos entre el auto y las tres bicicletas. Así fue que arrancamos hacia un barrio en las afueras de Sarandí del Yí, para visitar algunas familias dedicadas a la elaboración de ladrillos. No encontramos a nadie, así que seguimos el rumbo hacia la chacra de Ramón Torena, el hombre al cual Lucía y Eugenia habían conocido horas atrás.

El sol comenzaba a bajar y el fresco invernal se hacía sentir. Nos fuimos entonces al lugar donde pasaríamos la noche, la placita de deportes, donde nos recibió Silvia que nos instaló en el salón de profesores, donde había una vieja estufa cuarzo, que junto al calor humano serían la protección contra el frío.

Contra la pared que daba hacia la cancha de afuera, retumbaban aún los pelotazos de niños y adolescentes que aún jugaban aprovechando los poquitos rayos de sol que iban quedando.

En el pequeño salón, nos sentamos alrededor de la estufa para compartir mates con la anfitriona. Algunos de los viajeros, también “calentamos el pico” con un poco de grapa miel.

Se aproximaban las siete de la tarde, hora en la cual jugaría Uruguay contra Nigeria por la Copa Confederaciones, motivo que naturalmente llevaría a dividirnos durante algunas horas.

A excepción de Lucía y Eugenia, el resto nos fuimos hasta lo de Nilda, una tía sarandiyense de Mathías.

Con gol de Lugano, Uruguay se fue empatando 1-1 al fin del primer tiempo, y también nosotros de la casa de Nilda. Federico, Ayrton y Mathías, invitados por un profesor de allí, se fueron para el gimnasio a jugar voleibol. Mientras que yo me fui con las chicas del grupo hasta el canal local para participar en el programa de tv “Alta presión” conducido por Daniel Gómez, a quien habíamos conocido en su rol de funcionario municipal horas atrás. 

El cierre inolvidable de esta alegre jornada llegaría con el momento mágico de compartir la cena elaborada por Mary, en su propia casa y en lo que sería una nueva escena familiar del día, que incluyó también a los suyos. El aroma a leña quemada y las intensas llamas, la mesa servida para siete, Mary junto a su hija y esposo, todo conjugaba y permitía un panorama por demás hogareño.

Nosotros pusimos el vino que habíamos traído de El Carmen y que no vacilamos en compartir con aquella agradable y fraterna familia. Ayrton, cometía el delito de cortar aquel delicioso tannat roble con refresco de naranja.

La sobremesa se estiró por media hora, entre cuentos y relatos de todos los presentes hasta que llegó el momento de partir. Una despedida con abrazos, tal como si fuéramos amigos de toda la vida de aquella familia. Increíblemente, Mary no quería cobrarnos, y eso que no solo comimos unos canelones riquísimos, sino que nos sentimos como en nuestra casa. De ninguna manera, íbamos a irnos de allí sin pagar por aquella maravillosa cena y memorable momento.

Y así continúa este gran tour, que nos permite seguir descubriendo la calidez reinante en cada uno de los pueblos escondidos de nuestro querido paisito.

Uruguay Alternativo agradece por este medio la atención recibida por los pobladores de Sarandí del Yí. En particular a Daniel Gómez y funcionarios del Municipio local. A Mary, Nilda, Ramón (y respectivas familias). A Silvia de la placita de deportes.
[1] Una movilización en contra del aborto, teniendo en cuenta la consulta popular que se realizaría el 23 de junio siguiente.

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En Durazno existe un pueblo donde muchos señalan se encuentran “el mejor pan y el mejor vino”. Se trata de Villa del Carmen una localidad de unos cuatro mil habitantes a la cual llegamos para desterrar parte de ese mito.

Así fuimos al encuentro con Washington González, uno de los tres propietarios de Gobelet, bodega que desde hace algunos años elabora vinos con calidad de exportación.

El Carmen, cuenta con una única y rica tradición bodeguera que es motivo de orgullo de sus pobladores y que con el correr de los años ha sido el sello que los caracteriza; “estas tierras son las únicas del departamento donde hay viñedos, aunque hay otras zonas como Carpintería aptas para ello”, afirma Washington.

Pedro González (el padre de Washington) llegó a este lugar a los quince años con su progenitor en 1944, designado por la firma como encargado del establecimiento. Junto a Don Pedro Faraut, fue aprendiendo todo lo relacionado con la viña y la bodega.

Don Andrés Faraut fue el primer viticultor que llegó al pueblo allá por 1907 y ya en 1927 se encontraba produciendo vinos en El Carmen. Su principal bodega estaba instalada en la zona de Manga, en Montevideo.

El Carmen fue creando su identidad en base a la popularidad que ganaron sus vinos y sus panes. La viña y el molino fueron la fuente de trabajo principal de pobladores locales y de otros que fueron llegando desde otros puntos del departamento, en busca de un futuro mejor para sus familias.

Pero como todo es cíclico en esta vida, motivos económicos llevaron a la Bodega Faraut a tener que cerrar sus puertas a mediados de los ´90, lo cual indefectiblemente tuvo sus consecuencias en el pueblo, que pasó a perder la vitalidad que la vitivinicultura le había dado.

A comienzos de aquella década, con el impulso a la forestación por parte del gobierno nacional, en la gente de la Villa (como la de tantas otras localidades duraznenses) comenzó a tomar fuerza todo lo vinculado a la industria de la madera.

Sin embargo, la producción de vino volvió a salir a flote con la creación de Bodegas Gobelet junto a otros cuatro establecimientos, emprendimiento en el que los hermanos González (Washington y Walter) hicieron parte a su padre (Pedro) a formar parte de la propuesta. De esta manera, hoy conviven dos generaciones compartiendo una misma pasión y respeto por el vino.

Desde 1997 comenzaron en el rubro Vivero y luego dieron paso a la explotación de viñedos de cepas de mesa y viníferas. Gobelet posee en la actualidad 44 variedades de uvas, iniciando la actividad de bodega en 2006. En 2007 comenzaron a elaborar vinos finos, de los cuales algunos se exportan en la actualidad a México.

Entre otras cosas, Washington nos cuenta que en un mediano plazo esperan poder inaugurar una posada en el mismo lugar donde se ubican los viñedos con la finalidad de brindar también servicios turísticos.

El pueblo ha crecido a partir de la década del 2000 con la aparición de los cultivos de secano y forestación. Ahora se ve mucho más transporte pesado, lo cual hace muchos años no era habitual por estos lares. La madera y la soja conviven entre los viñedos y molinos abandonados. Pese a los cambios, la tradición del vino persiste, como símbolo de identidad y orgullo local de los habitantes de Villa del Carmen.

FIESTA DE LA VENDIMIA

Todos los terceros fines de semana de febrero, se festeja aquí la Fiesta de la Vendimia, evento con espectáculos musicales, donde se elige a la Reina departamental de la Vendimia y desfilan carrozas decoradas con elementos que hacen referencia a la producción local, frutos, uvas y vinos. Desde este año se incorporó a la Virgen de la «Carrotilla» que sale de la Parroquia para acompañar el desfile y se le rinde un respetuoso homenaje a la patrona de los viñedos.

BODEGA GOBELET

www.gobelet.com.uy / gobelet@gobelet.com.uy

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Luego del maravilloso recibimiento que tuvimos unas horas antes en Sarandí del Yí, decidimos visitar la chacra de Ramón Torena, conocido por estos pagos como “Peter”. Ayrton, Eugenia y yo marchamos en las bicicletas, transitando un trayecto de serenas calles, mientras el resto del equipo Lucía, Natalia y Mathías iban sacando fotografías desde el auto piloteado por Federico.

Si bien íbamos con las referencias que les habían dado a Eugenia y Lucía, se nos complicó un poco la llegada, pero como dice el dicho “preguntando se llega” y sobre todo en pueblos donde todo el mundo se conoce, como éste caso.

Ramón nos recibió un tanto sorprendido, quizás por la visita de un grupo tan grande y entusiasmado por conocer su establecimiento. De entrada nos mencionó que íbamos a encontrar las instalaciones un poco “venidas a menos” pues está por mudarse a la ciudad, debido a que el propietario debe entregar el campo antes de fin de año.  

Oriundo de la zona, Ramón arrienda 64 hectáreas en donde posee trece vacas lecheras (a las cuales las ordeña dos veces en el día), cría chanchos y tiene tres invernáculos con plantación de hortalizas. Con su carro tirado a caballo, llega todos los días a la ciudad donde vende sus productos.

Durante la recorrida por su chacra, nos mostró los chiqueros y nos contó que hacía unos días había parido una chancha a la orilla de un monte nativo, hasta donde fuimos al pie de unos molles y congorosa para conocer sus pequeñas crías.  Luego, continuamos camino a los invernáculos donde tiene plantaciones de hoja (lechuga, espinaca), de raíz (remolacha), de fruto (Tomates, morrones), y varios camellones de frutillas.

Después fuimos al tambo donde -a máquina- ordeña sus vacas. Allí nos explicó cómo elaborar yogurt y queso casero, en los momentos donde los litros/día/vaca son mayores. Al momento de la visita, estaban dando unos quince litros/día cada vaca, siendo alimentadas a campo natural y grano durante ordeñes.

Quedamos en volver a visitarlo en primavera, cuando la producción aumenta y así quizás poder compartir una jornada de elaboración de productos junto a él y su hijo.