DÍA 17 – Reencuentro

Lunes 14 de octubre de 2013.

Otra vez nos levantamos tempranito acá en el Hotel Potenza de Trinidad, aunque a decir verdad, en esta ocasión con más pereza, producto de las caminatas del día anterior. La jornada amaneció con un sol radiante que invitaba a salir, por lo cual decidimos obviar el desayuno para apurar la continuación de nuestro tour por Flores.

Hoy sería un día muy especial. Al caer la tarde, arribaría a Trinidad el resto de los compañeros de ruta en este viaje. Mientras tanto, nos dispusimos a seguir visitando otros lugares de interés aquí cerca de la capital.

Luego de unos mates en la Plaza Constitución, fuimos a la Oficina de turismo de la Intendencia, donde nos encontramos con Grete  y Margarita, que nos hablaron de las propuestas para recorrer en el departamento. Al rato llegó Ilda, a quien tuve el gusto de conocer un año atrás en un taller de turismo realizado en esta misma ciudad. Recuerdo que en aquella ocasión le comenté sobre este proyecto aún no iniciado y el cual hoy es felizmente una realidad. Las tres anfitrionas nos hicieron sentir como en casa, no solo guiándonos con información sino por la cálida atención.

Era cerca del mediodía y nos comentaron que estaba por salir un ómnibus de agencia Nossar destino a Durazno. Sería entonces nuestra oportunidad de conocer un nuevo lugar. El balneario Don Ricardo, situado a pocos kilómetros de la ciudad por ruta 14.

Otro lugar al cual hubiera estado notable ir en bicicleta. Allí nos instalamos sobre una de las mesas a la orillas del arroyo a comer, disfrutando del sonido que la pequeña cascada de agua emite cuando cae al pequeño embalse de agua que se encuentra debajo del puente. La tranquilidad solo es interrumpida cada tanto, por la pasada de los camiones de carga pesada que transitan la ruta.

Durante un buen rato estuvimos instalados allí, solamente nosotros dos, sintiéndonos una vez más agradecidos y afortunados de vivir ese momento. Por allá cayó una familia, a la cual nuestra presencia parece haber llamado la atención. Sin dudas se han dado cuenta de que nuestras caras no son del lugar y nos observan por minutos con extrañeza.

Recorrimos las inmediaciones de este armonioso y verde lugar. Mientras caminamos, nos cruzamos con algunos pescadores que vienen desde el arroyo, corriente arriba. También vimos otras cosas que afean el lugar. Son las huellas de la “civilización”: botellas, latas y otros residuos esparcidos en la orilla.

El sol pegaba con fuerza, aún bajo la sombra del monte. Eran cerca de las tres de la tarde cuando decidimos volvernos. En esta ocasión hicimos un camino alternativo. En vez de ir por el camino de balasto, bordeamos el arroyo, nos introducimos por un sendero improvisado y subimos luego por entre los pastizales. La experiencia significó un esfuerzo mayor, pero sin dudas, hizo más aventurero el retorno.

Durante una hora esperamos algún bondi que nos devolviera a Trinidad, pero no pasaba ninguno. Hicimos también dedo, pero no nos paraban. Le comento a Eugenia que en otras épocas, no era tan difícil conseguir viaje de esta forma, concluyendo ambos que los tiempos cambiaron, que la inseguridad y desconfianza están vigentes en todos lados.

Sin embargo, una camioneta matriculada en Flores, conducida por un señor acompañado de su hijo, se apiadó de nosotros y nos invitó a subir. Iban para Trinidad. Así fue como nos volvimos a la capital departamental.

Ya de vuelta en Trinidad, preguntamos en una oficina municipal si sería posible visitar al Intendente, Armando Castaingdebat. Con rápida respuesta, la máxima autoridad departamental accedió a nuestro pedido. Nos presentamos y le contamos de nuestro proyecto y luego le agradecimos directamente en su persona por la calidez y atención recibida. Con orgullo nos contó sobre la reciente inclusión de Grutas del Palacio como Geoparque de interés mundial por parte de UNESCO.  

Se acercaba la hora de la llegada de los compañeros viajeros. En el bar de la plaza nos sentamos a tomar un café y esperarlos.

Por una esquina de la plaza, vemos pasar la camioneta y casita rodante del veterano Rúben con el resto de los viajeros en esta ocasión Seba, Lucía y Federico. Fue una entrada triunfal que llamó la atención de los presentes.

Abrazos y saludos varios, para irnos rápidamente hasta el Hotel Potenza a descargar la “cacharpa”. Ya de nochecita, nos quedamos en los bancos externos del hotel conversando con Mariela, Ilda, Myriam y su hija María Elisa.

Más tarde, ronda pizzera en el centro de Trinidad con la barra. Todo es alegría y expectativa porque mañana otra vez, salimos a la ruta.

Intendente

Atardecer frío, lluvioso y oscuro en la ciudad de Minas. Nos dirigimos al palacio municipal en busca de poder encontrar donde pasar la noche. Hacía unos días, yo había hecho un contacto con la Directora de Turismo del departamento, anunciando la visita. Nunca obtuvimos una respuesta formal, pero nos aventuramos igualmente a encontrar una solución para nuestra estadía.

Allí, una funcionaria nos dijo que la Directora estaba en un evento y que no podría atendernos. De audaces, preguntamos entonces si podíamos ver a la Intendenta Adriana Peña, de quien nos dijeron estaba con licencia médica. Sin embargo, nos pasaron al despacho del Intendente interino, Alejandro Giorello.

En una escena por demás pintoresca, pasamos a la oficina del jerarca, quien no tuvo problema alguno en recibir a todo el grupo. Le explicamos sobre el porqué de nuestra visita y tras un breve intercambio le solicitamos si era posible poder brindarnos un lugar donde quedarnos esa noche.

No habíamos llegado al auto cuando recibimos una llamada telefónica para confirmarnos que teníamos alojamiento disponible en una cabaña ubicada al pie del cerro Arequita.

Otra pequeña y gran historia que habla de la simpleza de nuestra gente.

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Muchos nos preguntan ¿cómo llegó una persona de más de sesenta años a hacer ruta con Uruguay Alternativo? Pues bien, lo primero que hay que decir es no hay edad para un viajero alternativo. Rúben es la prueba de ello.

Lo conocimos hace varios años, en una de las instancias de presentación pública que hicimos del proyecto. Era una tarde lluviosa y la cita era en la Casa de la Juventud (INJU). Unas horas antes, se había emitido una alerta naranja que había conspirado contra dicha actividad, en la cual finalmente participaría una persona. Esa persona era Rúben, quien había venido desde Maldonado (ciudad donde vive) para esta charla.

Hasta el día de hoy, Rúben recuerda una de las primeras preguntas que yo le hice: “¿Estarías dispuesto a viajar por el Uruguay con nosotros?”, cuestión a la que en su momento –nos diría luego en pleno viaje- interpretó como una pregunta dudosa de mi parte. Aquel agrónomo con más de seis décadas arriba pensó que lo estaba poniendo a prueba. Seguramente, al ver él que quienes estábamos en aquel salón éramos personas de no más de 30 años, creeríamos que no le daría el cuero para viajar al ritmo que nos planteamos.

Sin embargo, eso no fue así ni tampoco Rúben achicó. En la medida que les fuimos contando lo que estábamos haciendo, se fue copando con la idea y finalmente se puso a disposición para el siguiente viaje al cual concurriría con su camioneta y casa rodante a la cual apodó “hormiguita viajera”.  

Con su experiencia de viajero frecuente por Uruguay y el mundo, Rúben con su sencillez, siempre ha estado dispuesto a la aventura hermosa de viajar, poniendo buena onda y energía positiva al grupo.