DÍA 22 – Volver a la escuela

Viernes 15 de noviembre de 2013. Éramos cinco los viajeros que iniciaríamos la cuarta travesía de “El Gran Tour” alternativo, con destino al norte del país. Una vez más, lo haríamos en auto alquilado. Federico –único chofer del grupo-, inició el recorrido levantando el auto que estaba en la casa de Eugenia. A eso de las 14, yo sería el tercer integrante en subirme al auto, junto a las infaltables bicicletas -que al igual que en el segundo tour-, irían colgadas en el soporte de atrás. Una hora después, pasamos a levantar a Sebastián que nos esperaba con varias cajas de juguetes, en su casa de Ciudad Vieja.

La última parada previa a la ruta, sería en el popular barrio del Cerro, donde aguardaba desde hacía buen rato, Marcela, nueva compañera de viaje a la que habíamos conocido pocos días atrás en una charla que organizamos en La Diaria.

El auto estaba cargado “hasta la manija”. Cinco personas con sus respectivos equipajes recorrimos los primeros 230 kms hasta la primera parada: el retorno a la escuelita rural “Las Tunas”, ubicada a algunos kilómetros de Villa del Carmen (Durazno).

Primera vez que repetíamos un mismo destino por una causa, con la cual nos habíamos comprometido en aquella fría jornada de junio. Esa causa era hacer entrega a los escolares de los juegos, juguetes y libros recolectados en una campaña que organizamos y a la cual denominamos “Junta chiches”.

El día había amanecido bastante feo. Durante la noche anterior y hasta las primeras horas de la mañana llovió mucho. Por suerte, luego del mediodía empezaron a borrarse los grises nubarrones del cielo, prometiendo un final mejor para el resto de la jornada.

A diferencia de los anteriores, en este viaje, nos llevamos una importante discoteca, donde no faltaron el canto popular, ricas plenas, sambas brasileras y otros tantos géneros que le darían color al recorrido.

Entre mate y charla, se nos fue yendo la tarde camino por ruta 5. Atrás, fueron quedando rápidamente lugares que visitamos en viajes anteriores, de los cuales fuimos rememorando anécdotas pasadas.

 

Llegada a la escuela

Haciendo sonar la bocina, sobre las 19 horas llegamos a la escuela. La calma prevalecía en el lugar al momento de nuestro arribo. Allí nos recibían una vez más, la maestra y directora Beatriz junto a su compañero Juan. También estaban algunos niños y adultos, a la espera de lo que sería una nueva reunión de la comisión de la escuela.

Y de a poco “va cayendo gente al baile”. Seba propuso armar un mate, despertando las chanzas de los locales: “¿Cómo se arma un mate? si precisás tengo alguna herramienta por ahí”.

Y empezaron a aparecer los gurises de la escuela: Bryan, Mel, Valentina, Maykol, Rocío, entre otros. También sus padres, otros gurises más grandes y personas mayores de zonas aledañas.

El mate se terminaba dando lugar a los refrescos y alguna que otra bebida espirituosa. Hubo también tortas y pizzas caseras para acompañar. El ambiente se puso lindo y todo era alegría en Las tunas.

No faltaron los picados de fútbol en la cancha improvisada en el patio de la escuela, mientras las mujeres filosofaban sobre el amor resguardadas en el salón, donde otros se divertían jugando al truco luego de la reunión de comisión.

Misión cumplida

Y llegó el momento de hacer entrega de los materiales a los gurises. De un lado, sobre la mesa quedaron los locales, mientras que parados frente a ellos, nosotros. Federico fue quien inició la entrega y entre todos fuimos distribuyendo libros, juegos y una bicicleta. Todo quedó en buenas manos.

La emoción y la alegría invaden por dentro. La satisfacción de haber estado aquí una vez más y de cumplir nuestra humilde promesa nos llena el alma.

 

Juegos y sonrisas

La noche, ya entrando la madrugada, se fue sucediendo entre juegos y comida casera. Ahora corría también una gustosa picada de cordero. Eugenia, radiaba de alegría por su buena fortuna con la conga. Marcela era testigo de ese momento y registraba con su cámara de fotos cada instante. Federico ponía a prueba a los gurises con la trivia. Seba ayudaba con el armado de la pista de autitos, la misma con la que de niño supo jugar y que ahora quedaba en buenas manos. Yo observaba el panorama y simplemente disfrutaba de ser parte en cada uno de esos momentos que esa mágica noche regalaba.

 

Caminata a la luz de la luna

Con el Seba nos prendimos a los relatos que David, unos de los gurises nos contaba: “Hay muchos animales acá de noche, sobre todo jabalíes”. Había una hermosa luna llena y nos mandamos a campo traviesa iniciando una corta recorrida, mientras lo escuchábamos hablar sobre luces malas y su incondicional sentido de pertenencia a este lugar. Para David si bien sabe que “es bueno estudiar”, su deseo es seguir viviendo y trabajando en el campo.

 

Durmiendo en la escuela

Pasada las tres de la mañana, algunos locales se habían retirado a sus casas. Otros seguían jugando a las cartas y charlando. Fede, Seba y yo, vencidos por el cansancio, decidimos irnos a dormir. Nuestro dormitorio improvisado, sería el piso del comedor. Marcela y Eugenia, tendrían cama en uno de los cuartos que la escuela tiene.

A la mañana siguiente, amaneceríamos bien tempranito para preparar el mate y nuestro cargamento y así seguir la ruta hacia el norte del país.

marcela

En 2013, Uruguay Alternativo llevó adelante la organización de una presentación y tertulia sobre el desarrollo del turismo en el país, en la que participaron referentes de distintas instituciones. Esa actividad fue parte del “Día del Futuro” que La Diaria impulsa desde hace tiempo atrás.

Aquella jornada, que se hizo en el Café la Diaria, ubicado en Ciudad Vieja, finalizó caída la tarde. Recuerdo que una muchacha de unos 35 años se presentó así: “Hola, soy Marcela y estoy interesada en participar de los viajes que ustedes hacen”.

Y sencillamente ello sería lo que sucedería poco tiempo después. Marcela simplemente asistiría a una o dos reuniones de coordinación y en el cuarto tour del proyecto se unió para hacer ruta por el Uruguay alternativo.

Nacida en Las Piedras Nació, se crió y vivió hasta la adolescencia en esa ciudad. Años después se radicó en Montevideo, donde vive con su compañero Oscar.

Un accidente laboral que años atrás padeció no fue obstáculo para que ella se uniera al grupo. Y este grupo de viajeros ganó una gran compañera de caminos, alguien que se declara admiradora del interior, quien gusta conocer nuevos lugares y aprender de diferentes culturas.