DÍA 23 – Pal Norte

Sábado 16 de noviembre de 2013.

Una vez más, la música en el celular de Fede fue el gran despertador de los viajeros. En esta ocasión, suena “Amaneciendo” -de la banda uruguaya Marulata- canción que resultó muy simbólica, dado que la banda es de Tacuarembó, el departamento destino de esta jornada.

La noche había sido larga. A mí se me había hecho complicado dormir en el piso de la escuela, por lo cual la mañana me encontró adentro del auto, adonde me había mudado en la madrugada. Seba y Fede desde hacía buen rato, estaban arriba. Marcela y Eugenia, demoraron en dar señales de vida, pero lentamente aparecieron. Los locales (Beatríz y Juan) desde temprano mateaban en el salón principal. La escuelita se encontraba muy tranquila a diferencia del bullicio nocturno. El sol, de a poquito, empezaba a subir y lentamente se hacía sentir.

El abrazo cordial con Beatriz y Juan simbolizó el abrazo con todos los locales con los cuales habíamos compartido un lindo momento la noche anterior. Nos fuimos con la sensación gratificante de que aquí contamos con buenos amigos.

En unos pocos minutos, mientras compartíamos los últimos mates y diálogos con los anfitriones, logramos cargar todo nuestro equipaje y dejar todo pronto para continuar el rumbo.

Por los pagos de Benedetti

Sobre la ruta 5, en el cruce sobre el río Negro, se encuentra la ciudad de Paso de los Toros. La segunda más poblada del departamento, con unos 13.000 habitantes. Allí hicimos una bajada para tomar unas fotos simbólicas: el paso del tren y la única placa que recuerda al inmenso Mario Benedetti, célebre escritor nacido aquí.

 

Llegada a Tacuarembó

Por ruta 5, a la altura del ingreso a pueblo Curtina, hicimos nuestra segunda parada de viaje. Allí nos encontramos con un centro de información y puesto de artesanías locales. De un lado de la ruta, hay un cerro con una cruz en la cumbre que llama nuestra atención. Le pregunté a la señora del puesto, qué era ese lugar y también sobre matanza de Salsipuedes (ver nota abajo). Una lástima que no supo responder a mis preguntas. Una pena también, que en el lugar no había folletería turística que sirviera como guía para ello.

Pasado el mediodía, llegamos a la ciudad. Nos fuimos hasta la oficina de turismo ubicada en la Terminal de ómnibus, pero estaba cerrada. Nos quedamos en el lugar esperando que cayera un amigo de Fede, oriundo de estos pagos. Con sus indicaciones pudimos llegar hasta Iporá, el balneario donde suelen concurrir los tacuaremboenses, ubicado a unos 10 kilómetros de la capital.

En uno de los supermercados más grandes de la ciudad, compramos pan, fiambre y queso, para lo que sería nuestro almuerzo en Iporá, donde comeríamos sentados sobre un cerro desde donde hay una panorámica espectacular. Allí estábamos los cinco, contemplando el verde paisaje y compartiendo un nuevo momento inolvidable con la pequeña familia viajera.

De retorno hacia la ciudad, tomamos por un camino que lleva a Grutas de los helechos y de los cuervos. Se trata de dos grandes quebradas rodeadas de monte nativo, hasta donde se puede llegar solamente a pie, luego de bajar por caminos rocosos y espesa vegetación.

Federico tuvo la idea de comenzar a caminar a campo traviesa hasta llegar al lugar, dando inicio a una improvisada e inolvidable aventura. A juzgar por nuestra vestimenta, de lo que menos pinta teníamos era de expedicionistas, sobre todo Sebastián que iba en chancletas.  

Atravesamos durante quince minutos un campo repleto de grandes chircas y yuyos, entre los cuales frecuentaba la carqueja. Bajo un fuerte sol, caminamos buscando encontrar el descenso que nos llevara finalmente a alguna de las grutas buscadas.

De a poco nos fuimos topando con cañadas de agua pura y cristalina, grandes helechos y la diversa vegetación. Más tarde nos enteraríamos por gente de Valle Edén, que no estuvimos en las mencionadas grutas, aunque lo que vimos se parecía mucho a ello. Así y todo, el objetivo de llegar hasta el lugar por nuestros medios se había cumplido, lo cual era motivo de satisfacción.

 

El valle y el mago

Agotados por la travesía, nos subimos al auto para seguir el camino. Esta vez, tomaríamos la ruta 26 con destino a Valle Edén, adonde llegaríamos en el atardecer. Nos bajamos en la Posada homónima, cuyos propietarios habíamos conocido poco tiempo atrás. Ahí nos recibió Alfredo, quien nos brindó información sobre el lugar y nos sugirió algunos puntos para visitar allí. Mapa en mano, nos metimos en el auto y comenzamos a ascender la cuchilla de Haedo por un camino de balasto que corre paralelo a las nacientes del arroyo Jabonería. Más arriba, estacionamos el auto para comenzar a caminar por el campo hasta llegar al Pozo hondo, una imponente cascada de 25 metros de altura. Entre tantas leyendas que hay sobre este sitio, hay una que dice que en tiempos de Guerra Grande, en estas aguas fue arrojado un soldado colorado junto a su caballo. Nunca encontraron los cuerpos, pero muchos aquí mantienen que cada tanto aparece la imagen de aquel desgraciado hombre.

Cada uno de los viajeros contemplando la maravilla de lugar, por cierto un espacio poco conocido por los uruguayos. Es lindo dejarse contagiar por la calma, respirando la naturaleza en su estado más puro.

La noche comenzó a caer y una gran luna asomaba entre los cerros. Ya de regreso, nos detuvimos en el mirador que hay a visualizar una panorámica formidable.

De vuelta en Valle Edén, nos fuimos a la zona de camping para armar campamento. Eugenia y yo, nos bajamos para seguir el retorno en bicicleta, atravesando arroyo Jabonería, por el cual se puede cruzar a través del tradicional puente colgante. El terreno estaba muy mojado, sin embargo, la experiencia acampante de Marcela permitió que las carpas quedaran instaladas y sin rastros de humedad en su interior.

Después, llegó la hora de los baños, tan necesarios a ésta hora luego de una activa jornada. Mientras aguardábamos a las mujeres Seba, Fede y yo, nos pusimos a charlar con integrantes del grupo de motoqueros llamados “Pachucos”, que estaban acampando aquí para realizar un homenaje al pie del monumento de los caídos en la ruta.

Más tarde, nos fuimos a la Posada a cenar pastas caseras. Finalmente, rendidos por el cansancio de la larga jornada, nos retiramos a la carpa a dormir. Fin de otro día memorable.

 

Matanza de Salsipuedes

A orillas del arroyo Salsipuedes grande, en abril de 1831, las tropas gubernamentales al mando de Fructuoso Rivera, atacaron a los indígenas charrúas con el fin de exterminarlos. El hecho es frecuentemente referido como punto culminante del genocidio del pueblo charrúa.

 

Cerro Cementerio

Se trata de un cementerio de antiguos habitantes de Valle Edén, cuyo origen se remonta al siglo XIX. Se dice que fue utilizado por los indígenas, aunque no se han realizado al momento estudios arqueológicos que lo ratifiquen, por lo cual forma parte aún de las leyendas locales.

 

El padre de Gardel

En Valle Edén, precisamente en la estancia Santa Blanca, nació Carlos Gardel. Hijo ilegítimo del coronel Carlos Félix Escayola y de su cuñada menor de edad María Leila Oliva.  Las circunstancias de este nacimiento se ocultaron por motivos familiares, dado que era un hijo de Escayola y su entonces cuñada, pero también influyeron razones políticas y religiosas, así como la condición de masón del coronel. Escayola fue a mediados del XIX, «el jefe político y el hombre más poderoso de la región». Llegó a estar casado de forma consecutiva con tres hermanas de la familia Oliva, llamadas Clara, Blanca y María Lelia. Tal como consta en algunos documentos, Carlos Escayola tuvo catorce hijos reconocidos, pero se estima que engendró a más de cincuenta en diversas relaciones extramatrimoniales.

Hace un tiempo se estrenó un documental titulado «El padre de Gardel», investigación del cineasta uruguayo Ricardo Casas, que recopiló las escasas imágenes históricas del coronel.

Mario Benedetti nació en Paso de los Toros en 1920 y murió en Montevideo en el año 2009.  Fue un notable escritor, poeta y dramaturgo, integrante de la Generación del 45, a la que pertenecen también Idea Vilariño y Juan Carlos Onetti, entre otros. Su prolífica producción literaria incluyó más de 80 libros, algunos de los cuales fueron traducidos a más de 20 idiomas.

¿Qué les queda por probar a los jóvenes
en este mundo de paciencia y asco?
¿sólo grafitti? ¿rock? ¿escepticismo?
también les queda no decir amén
no dejar que les maten el amor
recuperar el habla y la utopía
ser jóvenes sin prisa y con memoria
situarse en una historia que es la suya
no convertirse en viejos prematuros

Cita de “¿Qué les queda a los jóvenes?”