DÍA 24 – Gardel, Laureles y Tranqueras

Domingo 17 de noviembre de 2013. Federico, afectado por una fuerte gastroenterocolitis, sería el primero del equipo en levantarse. Precisamente, los problemas estomacales fueron el motivo de su temprano despertar. Ello no fue obstáculo para que con su mejor energía, hiciera sonar la música en su teléfono celular, que viene funcionando como despertador del resto de la barra por estos días.

Lentamente fuimos desarmando el campamento, mientras el sol una vez más brotaba prometedor. El césped del camping aquí en Valle Edén, seguía muy mojado y en algunas partes era barro puro. Es que el terreno aquí es muy bajo y nos han contado que cuando llueve demora mucho en secar.

El pago del mago

Cerca del mediodía nos dirigimos hasta el museo Carlos Gardel, la leyenda del tango. El edificio se ubica pegado a la estación de trenes. Allí se exhiben fotos y documentación del popular cantautor. Quizás el más importante de todos, es un recorte del diario “El Telegrafo” (con fecha 26/10/33) en el cual Gardel responde a una pregunta del periodista: “ya que usted insiste, uruguayo nacido en Tacuarembó”.

Una de las imágenes que llama la atención, es la foto inédita que muestra a un Gardel obeso (122 kg) montado a caballo. Mientras recorremos el lugar, de fondo suenan sus canciones. Se observan fotos de su niñez, acompañadas de datos biográficos y piezas históricas que alguna vez fueron de pertenencia propia y/o de sus familiares.

A la salida del museo, nos fuimos a la estación donde permanece una vieja locomotora. Agotado por su malestar, Fede a distancia nos tomaba fotos desde abajo de un árbol, casi sin moverse.

Paseo por Laureles

Alfredo, de la Posada Valle Edén ofició de nuestro guía informante, sugiriéndonos  lugares de interés para conocer y recorrer en la zona.

El mediodía nos agarraba nuevamente por la ruta 5 cinco para seguir camino al norte. La próxima parada sería a la altura del kilometro 407, donde transitaríamos luego por un camino vecinal que nos llevaría al único túnel ferroviario del país. PONER LINK

“Tengan cuidado con las cruceras”, nos advirtió sonriente y con acento fronterizo un motociclista que pasaba, dejándonos un tanto nerviosos antes de ingresar al oscuro túnel. Sobre todo, quienes estábamos de chancletas como en mi caso.

“Mirá si aparece un tren”, bromeaba Eugenia.

En fila india, fuimos lentamente ingresando por el oscuro túnel. En la medida que nos adelantábamos, la iluminación era cada vez más nula. Unos cuantos metros adelante, se vislumbra la puerta de salida. Entre tanta oscuridad y con la existente posibilidad de ser mordidos por una crucera, llegamos sólo hasta la mitad y decidimos volvernos. Más lejos de allí, el maltrecho Federico nos esperaba en el auto, descansando e intentando recomponerse de su problema estomacal, pero pese a todo dejando aún lo mejor de sí, para poder seguir adelante con la travesía. En gran medida, el viaje dependía de él porque era el único de los que allí estábamos, que sabía conducir.    

Lo que siguió luego, fue una hora y “algo más” de viaje por un camino bastante deteriorado, producto de las fuertes lluvias que hubo por estos lares, días atrás. Llegamos finalmente a la portera que anunciaba el acceso al Establecimiento “Bichadero”, propiedad de Darío Fros y su familia.

Allí nos recibió el mismo Darío junto a su compañera Serrana. Estábamos en un lugar rodeado de sierras y cargado de hermosos sonidos de naturaleza, por lo que es imposible estresarse.

El establecimiento Bichadero, desde hace unos años funciona como Posada de campo, así lo anuncia uno de los carteles a la entrada con el sello de Uruguay Natural. Se trata de una propuesta pintoresca y única en el Uruguay. El hospedaje que se ofrece es en el mismo hogar donde vive la familia, por lo que no es casualidad que uno se sienta como de visita en casa de familiares propios.

Desde la mañana no habíamos picado nada, por lo cual consultamos si sería posible comer algo. En media hora salieron unas moñitas con tuco casero, cordero a la pizza y pan casero que fueron el deleite de todos, con excepción de Fede que no pudo casi que probar nada y se retiró a descansar a una cama que Darío y Serrana pusieron amablemente a disposición.

Luego de comer, nos aprestamos a recorrer uno de los tantos recorridos que hay para hacer en Laureles. Se llama “sendero de los higuerones” y forma parte de la propiedad de la familia Fros.

Cámara en mano, empezamos la caminata acompañados por Darío, descendiendo por una de las quebradas. Arriba, el sol pegaba con fuerza, mientras que a medida que íbamos bajando entre la espesa vegetación, el ambiente se tornaba fresco y oscuro. El guía nos iba contando historias del lugar, sobre la fauna y flora habitual. Nos comenta que solo aquí -en campos de su propiedad- ya se han registrado unas 180 especies de aves. Cuenta también con orgullo que Héctor Lescano, quien fuera Ministro de Turismo poco tiempo atrás, cuando visitó Laureles dijo que “era el lugar más lindo del Uruguay”.

Mientras Darío continúa el relato, se percibe el amor y el respeto que tiene por éste lugar, el mismo en donde se crió y ha vivido siempre, al igual que su familia.

La última parada de nuestra caminata, sería en un deck que recientemente el propio Darío construyó cercano al hogar, ideado para disfrutar una hermosa vista panorámica sobre el lugar y pasar gratos momentos. En el rato que estuvimos allí, pudimos ver pasar diferentes aves. Vimos a Serrana pasar, arriando el ganado con su caballo. ¡Que linda escena! Si bien Darío y Serrana han impulsado a este lugar como propuesta turística, siguen manteniendo las tareas habituales de su trabajo principal, vinculadas al campo mismo.

Caída la tarde, nos fuimos a compartir unos mates y ricas tortas dulces (hechas con huevo de ñandú) con la familia. Clarita, una de las hijas de Serrana y Darío, nos contó que todos los días se va –quebrada abajo- a caballo hasta la escuela, que cuenta con cinco escolares. La hija mayor de ellos está estudiando en el liceo en Rivera, ciudad donde ahora vive. Darío y Serrana, creen que ha sido importante el hecho de que sus hijas hayan nacido aquí y que lograron adaptarse a convivir con turistas que vienen de todas partes del mundo a conocer Laureles; “eso les ha hecho abrir la cabeza y revalorizar lo lindo que es éste lugar”, señalan.

En la cocina, Seba jugaba a las cartas con las gurisas. Marcela, Eugenia y yo seguíamos de charla afuera. Fede seguía postrado en la cama donde a la tarde se había tirado a descansar, con la diferencia que ahora tenía 38 de fiebre.

La luna llena iluminaba el paisaje, panorama ideal para pedalear en la noche laureliana. Costó, pero al final pude convencer a uno de mis compañeros (Eugenia) a hacer bicicleta. Le pregunté lo mismo que en ocasión de otro viaje le dije al entonces único compañero (Ayrton): “¿Qué miedo podés tener en un lugar tan pacífico como éste?”

Luego del cordial saludo a los anfitriones, partimos destino a Tranqueras por el camino de balasto. Mientras, el único chofer del equipo (Federico) se iba reponiendo poco a poco gracias a los remedios que se había tomado.

Con la luna como única testigo y acompañante, hicimos varios kilómetros a pedal. El único sonido que irrumpió con fuerza, fue el galope de una manada de caballos que durante varios minutos nos acompañó al lado del camino.

Al rato aparecieron los gurises en el auto. Rápidamente cargamos nuestras chivas para seguir los 35 kilómetros hasta Tranqueras, ciudad donde nos quedaríamos en la noche y desde donde Seba haría su retorno a Montevideo.

Cuchilla Laureles

Laureles, está ubicado a unos 67 kilòmetros de la ciudad de Tacuarembó, en el límite entre los departamentos de Tacuarembó y Rivera. Posee un sistema de quebradas asociado a la Cuchilla de Haedo, en un microclima subtropical que determina la espesa vegetación y diversidad de especies que aquí se encuentran.

Contacto:

Darío Fros – Establecimiento Bichadero

Cel. 095 225 222 / Tel. 4630 2358

Facebook: Laureles Turismo Tacuarembó

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Se encuentra poco más de un kilómetro al norte del paraje de igual nombre, en el km. 466 de la vía férrea (19 kilómetros al norte de la Estación Tacuarembó). Se trata del único túnel ferroviario en nuestro país, por ello ha sido declarado Monumento Histórico Nacional.

El túnel, si bien data de fines del Siglo XIX, es poco y nada conocido, salvedad que queda hecha para los antiguos usuarios del servicio de pasajeros. Fue inaugurado el 4 de febrero de 1892, conjuntamente con la extensión del ferrocarril desde Tacuarembó a Rivera. Anteriormente el tren había llegado a la estación Rio Negro (hoy Paso de los Toros) el 17 de febrero de 1887; el 19 noviembre de 1890 llegó a Achar, el 1º de febrero de 1891, a Piedra Sola y el 28 abril de 1891 fue abierto al tráfico del ferrocarril a San Fructuoso, luego denominada Ciudad de Tacuarembó.

La construcción tiene unos 200 metros de largo. Aunque la circulación peatonal por el túnel no es permitida, este consta de algunos nichos nada profundos en sus paredes para atrincherarse en caso de alguien ser sorprendido por el paso de un tren.

Posiblemente (como fue mi caso) la película “Corazón de Fuego” estrenada en 2002, contribuyó a desperezar a muchos uruguayos que se preguntaron dónde se hallaría el túnel. La película, protagonizada por Federico Luppi, Hector Alterio y Pepe Soriano, narra la historia de tres veteranos de la asociación “Amigos del riel” que secuestran una locomotora histórica, pretendida por un estudio de Hollywood.

Fuente: en base a información de turismoenuruguay.com.uy