DÍA 25 – Pedaleando hasta el valle

Lunes 18 de noviembre de 2013. El traqueteo del viaje nos hizo despertar más tarde que días pasados. Recién a eso de las diez de la mañana comenzamos la levantada aquí en la ciudad de Tranqueras, segunda más habitada del departamento de Rivera. El descanso sería clave para la recuperación de Federico, a quien una gastroenterocolitis lo tuvo afectado durante toda la jornada anterior. Ya no estaba Seba, que pasada la medianoche se había tomado el ómnibus de retorno a la capital.

Ana Laura fue nuestra gran anfitriona durante la estadía por estos pagos. Hasta su casa (ubicada en el centro de la ciudad) llegamos en la víspera a altas horas de la noche. Pese a ello nos recibió con notable disposición y aún a sabiendas de que ninguno de nosotros la conocíamos personalmente, ya que fue llegamos a ella por intermedio de un amigo mío.

El sol estaba radiante y el cielo totalmente despejado, lo cual indicaba que la jornada sería sumamente disfrutable. Mientras desayunábamos, con Eugenia nos íbamos preparando para salir nuevamente a pedalear. Un tramo que a priori era muy prometedor. Serían unos 15 kilómetros hasta llegar al maravilloso Valle del Lunarejo, otra de las áreas incluidas dentro del Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SNAP)

Nos untamos de protector solar y llenamos un par de botellas de agua, de manera de hacerle frente a los fuertes rayos solares de mediodía. A eso de las doce y media, iniciamos el recorrido mientras un rearmado Federico junto a Marcela, nos alcanzarían unos minutos después en el auto.

Y fuimos dejando atrás Tranqueras, para tomar la ruta 30. A medida que avanzamos, el paisaje serrano predominaba. Llama la atención la cantidad de plantaciones de lechuga que hay en la vuelta. Se observan también centenares de eucaliptus, tan comunes en esta zona de Rivera, donde la forestación es la actividad económica principal. Tranqueras es también reconocida a nivel nacional por la producción de sandías. Los que saben más del tema, dicen que los suelos arenosos y profundos sumados a los veranos calurosos de esta localidad, son muy propicios para este cultivo. No es casualidad entonces que la fiesta más importante de Tranqueras se denomine “Fiesta de la sandía y la forestación”.

Sin dudas, es éste uno de los paseos que hemos hecho en bici más lindo y pintoresco de El gran tour y al igual que como sucedió unos meses atrás en Minas, las sierras me parece que son el elemento principal que le aporta el encanto al trayecto.

El calor agobiaba entre los cerros. Sólo en los repechos, se sentía un vientito refrescante que hacía más llevadero el ejercicio. En determinado momento, mi maltratada chiva comenzó a fallar. La rueda de adelante giraba en forma desalineada y daba la impresión que en cualquier momento podría seguir el camino… más allá de la ruta. Por si acaso, bajamos la velocidad hasta llegar al camino de balasto que da ingreso al Valle (a la altura del kilómetro 148 de ruta 30).

Dos kilómetros después, en la Posada del Valle nos aguardaban el resto de los compañeros. Allí preguntamos por algún informante local que nos pudiera hacer algún recorrido guiado o alquilara caballos, cosa que no pudimos lograr. La opción que nos quedó fue la de seguir conociendo “por las nuestras” la zona.

El único camino posible (para automóvil) dentro de ésta área, era el que llevaba hasta el Cerro Boquerón, que se encuentra dentro del establecimiento privado “El Caudillo”. Cargamos mi maltrecha bicicleta en el soporte y para allá seguimos. Fede, Euge y Marcela en auto y yo en la bicicleta de Eugenia, tras ellos.

Las torrenciales lluvias de días anteriores, habían dejado el camino en malas condiciones. El auto lentamente atravesaba grandes charcos y zonas fangosas que por momento parecían imposibles.

En la estancia para acceder al “Sendero del Boquerón”, tampoco encontramos a nadie. Sin dudas, hoy no era nuestro día. Un poco más adelante por ese mismo camino, golpeamos en una casa donde una gurisa -con tradicional portuñol del norte-, nos sugirió algunos nombres de personas que alquilan caballos.

Golpeando puertas y preguntando, insistimos con la idea, pero no hubo caso. Finalmente, y sin perder el ánimo, nos dirigimos hasta el arroyo lunarejo, donde pese a la gran cantidad de canto rodado que complicaba el paso de nuestros pies descalzos, nos pegamos un memorable baño refrescante y terapéutico.

 

Por la frontera

El baño en el Lunarejo nos dejó como nuevos. Ahora el próximo destino sería Masoller, en el límite con la frontera brasilera (ver más abajo).

Por la ruta 30 seguimos el rumbo entre las sierras, como quien va a la ciudad de Artigas. Esta vez todos en auto. Pasamos por la Subida de Pena, ubicada sobre la Cuchilla Negra y rodeada de cerros de piedra cubiertos de vegetación autóctona. Un paisaje único es el que se puede observar a esta altura de la ruta, donde las pendientes del camino son bien pronunciadas.

Además de los paisajes, andar por estos campos con tanta historia resulta muy interesante. Me gusta imaginar la cantidad de anécdotas y momentos que aquí se vivieron. Al igual que en tantos otros puntos del país, las batallas entre blancos y colorados durante la Guerra Grande (1839-1851) o en este caso especial, durante la revolución de Aparicio Saravia (1904) frente al gobierno de Batlle y Ordóñez. Y vaya si será especial, que precisamente fue en estos suelos donde fue herido gravemente el caudillo blanco, fallecido poco después en Brasil.

A pocos metros del pueblo, se pueden ver los mojones que marcan el límite entre dos naciones. Albornoz (lado brasilero) se parece a un pueblo abandonado del viejo oeste. No se ve gente, la plaza principal está casi en ruinas y desierta. En el único lugar que vemos algo de movimiento es en un almacén. Todos hablan en portugués aquí.

Ya eran cerca de las cinco de la tarde y no habíamos comido. Así que nuestro siguiente paso, fue volver al lado uruguayo donde al costado de la ruta, frente a Masoller, visitamos un humilde almacén en busca de pan y fiambre.

El almuerzo lo hicimos al pie del Monolito que recuerda a Aparicio Saravia (ver más abajo). Mientras comíamos, les comento a mis compañeros sobre el estado de abandono en cual se encuentra el predio: el césped no parece cortarse desde hace buen tiempo y algunas de las placas que recuerdan al caudillo blanco, están rotas. Les comento a mis compañeros de ruta sobre las tantas veces que uno escucha hablar de Aparicio y sin embargo nadie parece acordarse del monumento más importante que lo homenajea.

Después de comer nos volvimos hacia Tranqueras, pero ésta vez a la altura de la Bajada de Pena, descendimos del auto para recorrer a pie, contemplar y respirar el paisaje que aquí se presenta.

 

Chivitos de Fede

Llegamos sobre la tardecita a Tranqueras. Sobre la noche, el clima invitaba a estar afuera. Ana Laura había ido a comprar las cosas para preparar unos chivitos. Federico se destacó elaborando este plato tan típico de nuestro país, que fue bien acompañado con unas cervecitas bien frías a la luz de una inolvidable luna llena. Así culminó una nueva jornada de disfrute y para el recuerdo.

 

Valle del Lunarejo

Ubicado a pocos kilómetros de Tranqueras por ruta 30. Se trata de un área protegida de hermosos paisajes, donde conviven más de 150 especies de aves y una vegetación muy diversa. El desgaste producido en las pendientes del terreno forma depresiones profundas y estrechas que crean las nacientes de varios arroyos, que están cubiertas de densa flora. Dentro del valle hay varias cascadas que se forman entre las rocas y que pueden llegar a tener entre veinte y treinta metros de caída. Más información en web del SNAP

 

Masoller

Lugar donde confluyen tres departamentos (Salto, Rivera y Artigas).  Debe su nombre a la familia que era dueña de esos campos, que en tiempos de batallas entre blancos y colorados, atendían y curaban a los soldados de ambos bandos. En este lugar sucedió uno de los hechos políticos más importantes de la historia política del país. Aquí fue herido de muerte, el caudillo blanco Aparicio Saravia, hecho que significó la consecuente consolidación política del entonces Presidente de la República, Don José Batlle y Ordóñez.

Separado por mojones y a escasos metros de Masoller, en pleno centro rural se encuentra otro pueblito más pequeño llamado Albornoz. He aquí otro elemento pintoresco que tiene este lugar. La villa se fundó a principio de los años ochenta por el gobierno brasileño, con la intención de consolidar su presencia en territorio que desde hace siglos, está en litigio. Algunos riverenses, aún recuerdan que las autoridades uruguayas montaron, en el momento de su fundación, una «guardia especial”.

 

Monolito Aparicio Saravia

Monumento que recuerda la caída del caudillo blanco, Aparicio Saravia, quien en estos campos fue gravemente herido y poco tiempo después murió del lado brasilero. Ello ocurrió en setiembre de 1904, en lo que fue una de las batallas más importantes de la historia política uruguaya.