DÍA 3- Camino a la Sierra de Mahoma

Lunes 25 de marzo 2013. El sol comienza a sentirse y atraviesa las ventanas del hotel céntrico maragato donde pasamos la noche. Ayrton, de novelero nomás (dado que era la primera vez que se quedaba en un hotel) estaba despierto desde tempranito y se había enganchado a ver la tv, cuyo sonido provocó también mi temprano despertar.

DSC03250Comimos un buen desayuno (había que aprovechar bien ya que estaba incluido en el precio), cargamos las mochilas al hombro y nuevamente salimos a pedalear. En esta ocasión, bastante menos que el día anterior. Dimos una vuelta por el entorno de la Plaza de los 33, donde se ubican monumentos históricos como la Catedral Basílica y el Teatro Macció, conocido como “el pequeño Solís”, inaugurado en 1912 en homenaje a Bartolomé Macció (hacendado italiano) que había fallecido pocos años antes.

Si bien fuimos recibidos muy amablemente por una funcionaria que nos hizo un recorrido por el teatro, nos llamó bastante la atención que, en plena Semana de Turismo, la oficina de información turística estuviera cerrada. Pero son ese tipo de cosas sin sentido que, increíblemente, suelen repetirse en varios puntos del país.

La banderita de Uruguay que Ayrton lleva en su bici, despierta la intriga de los locales. También de unos periodistas del Canal 3 local, que nos invitan a hacer una nota.

Al rato fuimos a comer algo y luego partimos rumbo a la terminal, para tomar por primera vez un ómnibus durante el gran tour (y no sería el último), aunque tiempo después finalmente llegaría a la contundente conclusión de que no hay como la bicicleta para hacer realmente alternativo el viaje; el medio más sustentable y amigable con el medio ambiente, pero también el que te permite disfrutar con todos los sentidos de cada lugar y cada momento.

Aquel bondi nos dejaría sobre la ruta 23 a la altura del kilómetro 126, es decir, en la entrada a las sierras de Mahoma, pasando el pueblo Mal Abrigo. Desde la ruta aún no se visualizan las sierras con claridad, hay que internarse por un camino vecinal unos kilómetros hasta llegar al lugar.

Salvo dos autos y algunas pocas personas, no se ve a más nadie. Si bien el día se presenta soleado y estamos en pleno Turismo, todo se vislumbra muy tranquilo. Sobre los pies de la sierra existe zona natural de singular belleza, donde armaríamos nuestro campamento. Aquí es donde surgen también distintos senderos para realizar a pie y circuitos mountainbike.

Tras dejar todo pronto y sacarnos el peso de nuestras mochilas, decidimos pedalear hasta Mal Abrigo, un pequeño pueblo de 350 habitantes, donde aprovecharíamos también a hacer algunas compras básicas.

Terminado el tour por el pueblo, arrancamos nuevamente hacia las Sierras. Antes de llegar,encontramos otra entrada con un cartel que señalizaba “hospedaje y bodega”. Curiosos, fuimos hasta allí, pero lo cierto es que el perfil del lugar poco tenía que ver con nuestro espíritu viajero, y así lo sentimos también al hablar con la señora que nos atendió. Evidentemente, nuestra presencia no se adaptaba al tipo de turista que el lugar pretende.

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Volvimos entonces a la sierra, prontos para hacer la caminata por el largo sendero de una hora de recorrido que atraviesa todas las cadenas rocosas y cuevas que allí se encuentran. “Si estas rocas hablaran”, le digo a Ayrton, teniendo en cuenta la gran cantidad de sucesos históricos allí ocurrieron: desde indios escondidos hasta batallas entre blancos y colorados.

Se acercaba la caída del sol, entonces el tramo final de la caminata se convirtió en ejercicios de trekking. Al igual que como suele suceder con la bicicleta, Ayrton “picó en punta” y me dejó varios metros relegado.

En la medida que avanzamos a la carpa, fuimos juntando leña para hacer el fogón. Iluminados por las llamas y algunos refusilos lejanos, disfrutamos de una noche memorable en aquel lugar que quedó dividido en dos.  Desde un lado se avecinaba una tormenta, mientras que del otro, una luna casi llena aparecía cada tanto.

Encantado de estar ahí, en ese lugar y en ese momento, lo invito a Ayrton a subir el cerro. Acostumbrado a la vida urbana de la capital, éste se resistía por miedo a la oscuridad y el desconocido paisaje. Al final, a los pechazos logré convencerlo mientras le preguntaba: “¿me vas a decir que acá es menos seguro que andar por la ciudad de noche?”.

 

Un pueblo entre las sierras: Mal Abrigo

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Se trata de una localidad que se encuentra dividida por la ruta 23, de un lado se encuentra lo que vendría a ser el centro del pueblo, donde se concentran la plaza, escuela y otros edificios públicos. Del otro lado, sobresalen las vías que alguna vez vieron pasar los trenes de AFE cargados de pasajeros, origen de la existencia de éste y otros tantos pueblos del interior. Luis, un veterano que se encontraba con un amigo en su casa -que antes fue la Estación del pueblo-, es quien nos afirma que cuando el tren dejó de pasar “el pueblo murió” y agrega:“aquí ya no hay nada que mueva e impulse a este pueblo a ser siquiera una parte de lo que alguna vez fue”.

DSC03264Sin embargo, el maravilloso entorno natural en el cual se encuentra Mal Abrigo y las riquezas históricas que mantiene, significan un potencial para convertirse en un producto turístico de gran valor. Evidencia de esto, fue lo sucedió años después de nuestra visita, cuando esta localidad se quedó con el premio “Pueblo Turístico”, concurso impulsado por el Ministerio de Turismo (MINTUR).

Este pintoresco pueblo supo vivir momentos de gran dinamismo, producto de ser el eje de dos destinos cuando funcionaba el ferrocarril y por ser el centro de toda una importante zona productiva en materia agropecuaria. Como tantos pueblos de nuestro interior espera un nuevo empujón para recobrar su brillo y quizás el turismo sea una buena posibilidad para ello.