DÍA 31 – La paz del campo y camino a Melo

Miércoles 7 de enero 2015. El sonido constante del agua pegando en las chapas del techo de aquella vieja cocina campera, invitaba a seguir el descanso. A diferencia de los anteriores días, ésta vez Ayrton fue el madrugador mientras yo entresueño, escuchaba los diálogos que animosamente él mantenía con Gabriel, uno de los hijos del encargado de la estancia donde nos habían brindado resguardo la tarde del martes.

Frente a las cenizas del fogón nocturno, aún seguía colgada y húmeda la ropa, producto de la imponente lluvia que nos había agarrado en la ruta.

Afuera dos peones preparan unos caballos y salen a tranco lento por el campo, mientras otros dos instalan una cañería de agua. Alguien se aproxima hasta donde estábamos nosotros y se presenta como administrador de la estancia “El indio”. Siempre amable, nos cuenta entre otras cosas que la misma pertenece al reconocido automovilista uruguayo Gustavo Trelles y teniendo en cuenta que veníamos desde Paysandú, nos cuenta que también el piloto posee estancia en suelos sanduceros.

Nosotros le entregamos material de nuestro proyecto y le contamos sobre las andanzas vividas hasta ese momento. Él, al igual que el papá de Gabriel se puso a la orden para cualquier cosa que necesitáramos y nos dijo no haber ningún problema, si en caso de continuar la lluvia, quisiéramos quedarnos allí otra vez.

Si hay alguien con quien logramos entablar un vínculo estrecho, ese fue Gabriel. Un gurí de tan solo diez años con estilo bien campero no solo en su forma de vestir sino también de hablar, con ese tono gauchesco mezcla de portuñol característico de esta zona fronteriza. Bien se podría decir que aparenta tener más años que los que tiene, al menos por el tipo de diálogos que entablamos con él.

Además de su interés por confraternizar con nosotros, la música y los mates fueron los elementos que ayudaron a generar la relación. Es que Gabriel, más allá de lo que -erróneamente algunos citadinos siguen creyendo- como muchísima gente que habita el medio rural, tiene celular y otras herramientas tecnológicas que le permiten comunicarse con el mundo y que además conoce a la perfección.

Como buen paisano del campo, trajo también su termo y mate propio con el cual nos convidaba celosamente ya que como cebador “de pura cepa”, no nos permitía tocar su mate y solo él era quien servía.

El cielo seguía gris amenazante y si bien ya no llovía torrencialmente, la garúa de a ratos se hacía sentir. Nosotros mientras tanto, seguíamos mateando con Gabriel, que nos llevó a recorrer parte de la estancia para ver un viejo tambo abandonado, el tractor “mosquito”, el tanque australiano y otras cosas que a los que se criaron en la urbe (como Ayrton) le resultan totalmente nuevas.

Churrascada, siesta y aventón a la capital arachana

Gabriel no solo se transformaría en el anfitrión principal de nuestra estadía en aquella estancia, sino también en el intermediario entre nosotros y sus padres. De a ratos entraba y salía a su casa con los ofrecimientos de los mayores. Y así fue como nos hizo llegar una churrascada suculenta y muy sabrosa con porciones de carne vacuna y de cerdo que degustamos en poco rato.

Una vez más me reconforta -y le comento a Ayrton- sobre la amabilidad y buena disposición que suele tener la gente de tierra adentro. No solo que habíamos caído de “sopetón” allí sino que además nos brindaban lugar y convidaban con comida del lugar.

La lluvia volvió a caer lo que sumado a la paz que habitaba el lugar, invitaba a sestear. Y es que después de dos noches durmiendo sobre el suelo y varios kilómetros de pedaleo, los colchones que aquí teníamos… había que aprovecharlos para descansar mejor.

La siesta duró unas dos horas. Nos levantamos y comenzamos a acomodar todas nuestras cosas. Mucho de nuestro cargamento seguía mojado, pero igualmente estábamos decididos a continuar con la travesía. Pese a que el día continuaba nublado, a lo lejos de a poco parecía asomar el sol y ello nos hacía creer que era hora de seguir la marcha. Cuando dejamos todo pronto para arrancar, nos avisaron un camión de barraca que había llegado desde Melo para descargar materiales a la estancia estaba pronto a volver a la ciudad.

Sin vacilar ni un segundo, aceptamos la invitación y al rato ya teníamos todo nuestro equipaje en aquel vehículo. Después de agradecer y sacarnos algunas fotos para el recuerdo de aquella memorable estadía, finalmente partimos con destino a la capital departamental.

Camino de los quileros

En el transcurso de los casi 40 kilómetros que nos separaban de Melo, viajé en la cabina junto al chofer y su cadete, mientras Ayrton iba en la caja del camión. Aproveché entonces la ocasión para indagar sobre aquellos pagos y tomando como referencia la película “El baño del Papa” poner video youtube les pregunté sobre la realidad de los bagayeros en la zona y la histórica visita de Juan Pablo II en 1988.  

El chofer, un señor muy macanudo, me contó que anteriormente fue uno de los tantos melenses que se dedican al contrabando. Tal como se muestra en la película referenciada, el paso fronterizo de Aceguá es uno de los puntos predilectos para la actividad donde al igual que otras ciudades fronterizas los “quileros” mantienen plena vigencia a pesar de las medidas “cero kilo”. En muchos casos, el bagayo queda librado a la voluntad de los funcionarios de turno y se trata de una actividad que en muchos casos supone el ingreso básico de supervivencia para muchos. Sin embargo, más allá de gente humilde también me contó que hay “peces gordos” que se benefician en mucho mayor grado.

Yendo siempre por la ruta 26, comenzó a vislumbrarse la ciudad. Al cruzar el arroyo Del Sauce, de la nada el conductor sugiere: “ni piensen en bañarse ahí porque está todo contaminado”, toma la calle Conventos y nos deja a tan solo dos cuadras de nuestro destino: el gimnasio municipal.

Al bajarnos le agradecimos por el aventón y como hacemos con todas las personas que vamos cruzando a lo largo de la travesía, le dejamos material sobre Uruguay Alternativo.

Visita “papal”, fútbol y brindis nocturno

Por intermedio de mi viejo, logramos dar con un amigo suyo que tramitó la posibilidad de que podamos parar una noche en el estadio cerrado municipal donde rápidamente instalamos nuestras cosas. Me quedó grabada la escena pintoresca de una señora y su hija mirando tv sobre el costado de la cancha, se trataba de gente damnificada por inundaciones pasadas que aún se hospedaba allí.

Eran cerca de las ocho pero había muy buena luz solar, entonces invité a mi compañero de travesía a pedalear hasta el mural aún vigente que recuerda la visita del Papa (ver recuadro). De retorno al gimnasio, pedimos una pelota a la encargada y nos jugamos un Richard. Después vino el momento de un refrescante baño y a la noche paseo por el centro de la ciudad donde luego de un recorrido por lugares simbólicos como la plaza Constitución y la Independencia (lugar de encuentro de la juventud melense) terminamos brindando “a lo grande” con cerveza bien fría servida en copas. Broche final para otra jornada memorable de travesía a la cual al día siguiente se sumaría un nuevo integrante…   

El 8 de mayo de 1988 fue un día inolvidable para la historia de Melo, cuando el Papa Juan Pablo II visitó la ciudad. La exitosa película «El baño del Papa» (2007) dirigida por César Charlone llevó a la pantalla grande la vida de los «quileros» bicicleteros. En aquel evento, mucha gente vio la posibilidad de hacer algunos pesos vendiendo comida y souvenirs. Sin embargo y a diferencia de las grandes cifras manejadas previo a la visita de la santísima trinidad, tan solo 8000 fieles se congregaron en el lugar. Como consecuencia, las ventas estuvieron lejos de lo esperado y mucha de la comida debió repartirse entre gente de los barrios más humildes de la ciudad. Quienes recuerdan aquel episodio, cuentan que lo que en realidad sucedió fue que el Papa llegó al mediodía y poco después, viendo que “aquello era un desastre”, colocaron tablones arriba de tanques y empezaron a llamar a todos los lugares que podían necesitar comida.
El Papa había estado poco tiempo antes en Brasil y habían ido a recibirlo millones de personas, por lo cual ir hasta Melo por poco más de una hora, no resultó atractivo para los brasileros de los que se creía llegarían en buena cantidad a Melo.

Fuente: Taringa

Hay un camino en mi tierra
del pobre que va por pan,
camino de los quileros
por la sierra de Aceguá.

Osiris Rodríguez Castillos