DÍA 4 – Rumbeando para Colonia

Martes 26 de marzo 2013. Son alrededor las 8.30 de la mañana, y como el calor ya se hace sentir en la carpa, salgo a respirar el aire puro de las sierras de Mahoma. La tormenta que amenazaba con llegar ayer de noche, finalmente pasó de largo y salvo algún refucilo, algunos truenos y pocas gotas, nos salvamos del aguazo que parecía inminente.

Lo primero que me percato cuando salgo de la carpa, es que pese a la paz que reina aquí, me habían robado. Efectivamente, la ropa que había dejado colgada en un árbol, no estaba. El episodio quedaría simplemente como una anécdota graciosa, ya que la causa que más probable -me dirían después los locales-, era algún zorro de los que suelen merodear la zona.

Después de levantar campamento, nos subimos a las chivas para ir por una ducha  –a esta altura obligatoria- en los baños que se encuentran sobre la entrada principal. Allí nos hicimos un tiempo para conversar con el matrimonio que está a cargo de la posada. Ellos nos contarían sobre importantes hallazgos de objetos indígenas que se hicieron en la zona y nos mostraron fotos de algunas publicidades filmadas en la sierra, cuyas rocas que suelen emular los cráteres lunares.

Al volvernos por el camino con destino a la ruta, contemplo desde mi bici estos paisajes mágicos. Mágicos por las historias que envuelven,por la belleza y la energía que se esconde detrás de cada piedra.

Sentados en una placita en Mal Abrigo, nos sentamos a desayunar. A Ayrton le llamó la atención lo vacía de la misma y preguntaba “¿Dónde está la gente?”.

El destino propuesto para la jornada es Nueva Helvecia. Tras estudiar el mapa rutero decidimos tomar otra vez la ruta 23 en dirección a la capital maragata. Agarramos por un camino que señalaba “Colonia América”, donde pocos kilómetros después ya estaríamos en el límite con el departamento de Colonia, específicamente en el pueblo Cufré.

Estamos en un camino sumamente disfrutable, de pocas subidas y con paisajes que descansan la vista, más para los que acostumbramos a vivir en el asfalto y la jungla capitalina, como ha sido mi caso durante más de diez años.

Pedaleamos durante más de dos horas hasta llegar a Cufré, pueblito de no más de 350 habitantes, ubicado a unos 20 kilómetros de Mal Abrigo sobre la ruta 52.

Comimos en el único almacén abierto, donde nos atendió un veterano que se sintió intrigado por nuestra presencia. Nos contó que desde hace varios años está instalado con su familia aquí, que éste es un paraje muy tranquilo. Nos dijo también que pese a no ser un destino turístico, en los últimos años ha sido muy visitado por extranjeros que se radican durante meses en una estancia de la zona (Don Miguel) donde a cambio de trabajar en la granja, se brinda la comida y alojamiento.

Se trata de una red mundial (WWOOF) que conecta a viajeros de todas partes del mundo, generalmente interesados en conocer granjas donde se realiza producción orgánica. Hacía unos meses, un amigo argentino me había contado sobre esta innovadora experiencia, sobre la cual luego investigué y efectivamente me di cuenta de que se trata de una movida que crece a nivel mundial donde Uruguay tampoco es la excepción.

Nos quedaban unos 40 kilómetros hasta llegar a Nueva Helvecia. Tras recorrer unos 10 por una ruta en mal estado y poco transitada, vemos venir a lo lejos una camioneta a la cual le hacemos seña. El vehículo con matrícula de Treinta y Tres se detiene y pese a estar bastante cargada de productos agrícolas, nos invita a subir con nuestras bicis. Agradecidos por el aventón (el primero de alguno que otro durante El Gran tour) llegamos rápidamente a la ciudad, también conocida como Colonia Suiza,sobre las 16 horas. Una ciudad que cuenta con unos 12 mil habitantes, fundada en 1862, fecha en la cual llegó el mayor contingente de inmigrantes europeos, principalmente suizos, por eso el nombre original. Los inmigrantes, que en su mayoríaeran campesinos, aportaron sus conocimientos creando nuevas industria. La quesería es una de las producciones tradicionales que hoy se mantienen con gran vigenciaen la ciudad y en general en esta región.

Acostumbrados de recorrer parajes y pueblos chicos en estos días, aquí nos llamó la atención el gran movimiento de tránsito y gente. Como siempre, Ayrton con su bandera y sus derrapes dejan la marca de su llegada triunfal, sorprendiendo a locales.

Seguimos recorriendo y observando los paisajes y lugares más típicos que los inmigrantes construyeron aquí. Los escudos en cada una de las casas, simbolizando los cantones suizos desde donde llegaron los primeros pobladores, es otro de los detalles que captan nuestra atención.

La tarde empezó a caer, entonces decidimos ir a buscar donde alojarnos. No encontramos donde tirar la carpa, por lo cual finalmente nos dirigimos al lugar donde económicamente nos resultó accesible, el antiguo Hotel Del Prado.

Luego de un baño refrescante y  dejar las cosas en el hotel, salimos nuevamente en las bicis hasta el centro, en busca de un bar donde poder ver el partido de Uruguay vs Chile.

Dimos varias vueltas averiguando y al final el único boliche que encontramos abierto es uno que se encuentra frente a la plaza principal. Tenía intención de degustar algún queso y vino de la zona, pero lamentablemente hubo que conformarse con unas pizzas.

En el boliche sólo somos cuatro personas: Ayrton, una moza, el dueño del lugar y yo. En silencio y con las calenturas de una derrota inminente con los chilenos,antes de cumplirse el minuto 90, optamos por retornar.

El último pedaleo de la jornada fueron los 5 kilómetros que había entre el boliche y el hotel. Dejamos las chivas y salimos a dar una vuelta a pata, pero entre el cansancio y el fresco rocío que caía, finalmente arrancamos de nuevo al hotel para descansar.