Encuentro Mágico en Colonia

Hacía tiempo que tenía ganas de volver a Colonia la que visité por primera vez en 2009. En aquella ocasión en un viaje fugaz que hicimos con unos amigos con los cuales recorrí varios puntos del país durante Semana de Turismo.

Poco tiempo después la visité nuevamente, aunque ahí con un poco más de tiempo y quedándome un par de noches. Hacía poco me había ennoviado con una chica con la cual compartíamos una de las primeras salidas, por lo cual como adolescentes enamorados, ello significó olvidarnos del maravilloso lugar en el que nos encontrábamos.

Desde entonces estaba sintiendo ganas de conocer más en profundidad la ciudad colonial y más ganas me dieron aún días atrás cuando, por motivos laborales, me tocó ir a visitarla. Pocos días después un ómnibus me llevó al departamento más al sur del litoral convencido de que era hora de cumplir el viaje, acompañado nada más ni nada menos que por mi actual compañera y futuro hijo.

Si hay algo que Colonia tiene es precisamente magia, es al fin y al cabo, una mezcla de cosas que te enamoran.

Entre esas cosas, la primera y claramente fundamental es la existencia de su pintoresco barrio histórico. Esas calles empedradas con 300 años de edad, esas ruinas y muchas construcciones recicladas al estilo original por el arquitecto Odriozola en los años setenta, son motivos que hicieron que la UNESCO la declarara Patrimonio Histórico de la Humanidad en 1995.

Solo algunos, porque dicen que en realidad otras causas fueron más importantes para que aquél reconocimiento llegara. Como por ejemplo, la existencia de construcciones portuguesas y también españolas que la hacen un caso único en el mundo. También las características urbanísticas que los portugueses le dieron a las construcciones, las que no fueron realizadas en manzanas horizontales como nosotros las conocemos, sino en forma de laberinto para confundir a los españoles en caso de batalla y también como forma de protegerse de los vientos fríos a los cuales ellos no estaban acostumbrados.

En fin, barrio histórico tan especial que se torna aún más mágico cuando llega la noche y el empedrado queda iluminado por las lucecitas amarillas de los farolitos que frecuentan el lugar.

Lo especial de Colonia está ligado también a una serie de elementos que derivaron del primer punto mencionado y que tiene que ver con el desarrollo de servicios y propuestas turísticas que se han generado a lo largo de todo este tiempo.

En el rubro gastronómico, una diversidad de restaurantes y bares de muy buen gusto tanto en diseño de locales como en la calidad de los platos y la atención. En alojamientos, la variada oferta en hotelería, hostales y posadas para todos los gustos.

Tiene que ver también con el resultado de un largo proceso de trabajo asociativo entre actores públicos y privados y la profesionalización de actores turísticos. En este sentido, es de destacar que Colonia es uno de los departamentos que cuenta con una de las asociaciones de guías turísticos más antigua del país y que forjó también la Asociación Nacional de Guías.

Tiene que ver también con el desarrollo de infraestructuras innovadoras para atención del turista como la excelente propuesta del BIT, Centro de Bienvenida e Interpretación turística, obra impulsada por el Ministerio de Turismo hace pocos años.

Todos elementos que se complementan lógicamente con la ubicación estratégica de la ciudad, que tan solo se encuentra (a 45 kms por río) de la capital argentina y a 200 kms de Montevideo, con muy buena conectividad tanto terrestre como fluvial.

A mi gusto, todos estos elementos son lo que influyen y me llevan a pensar que Colonia es un lugar encantador y especial para visitar. Y si es bien acompañado, mejor. La ciudad más romántica del país donde no resulta dificil desenchufarse de la rutina y el stress en el cual nos hemos acostumbrado a vivir en la sociedad contemporánea. Un paisaje colonial que indefectiblemente convierte en inolvidables a todos los momentos.

En enero de 1680, Manuel Lobo (portugués) fundó la Nova Colônia do Santíssimo Sacramento que fue el primer asentamiento europeo y la primera más antigua ciudad de Uruguay. Además de la finalidad militar, el establecimiento en Colonia atendía a los intereses del sector mercantil de la burguesía portuguesa interesada en recuperar el acceso al intercambio con Buenos Aires, legalmente protegido por el privilegio “de asiento”. Había mucho interés de los portugueses en establecer un marco fronterizo, que sirviera de meta para alcanzar por tierra el Río de la Plata y entonces Colonia se convirtió en un dinámico centro de contrabando de Portugal e Inglaterra.

El 7 de agosto de 1680 las fuerzas españolas asaltaron Colonia y la tomaron, venciendo a los portugueses. La plaza fue renombrada por los españoles llamándola «Fuerte del Rosario». Lobo, hecho prisionero, fue trasladado a Buenos Aires, en donde murió el 7 de enero de 1683. Posteriormente, la ciudad fue devuelta a los portugueses, quienes en 1683 la refundaron hasta que en 1704 fue reconquistada por los españoles hasta 1715 cuando por tercera vez quedó en manos de portugueses.

Bajo soberanía portuguesa la colonia se convirtió en un foco de contrabando portugués y británico hacia las posesiones españolas. Según Carlos, guía y habitante de toda la vida en el barrio histórico (en realidad “barrio sur”) éste fue el motivo principal por la cual Colonia fue punto conflicto durante tantos años.

Hasta la definitiva ocupación española en 1777, con Cevallos en carácter de virrey del Río de la Plata, la ciudad siempre estuvo en disputa y fue reconquistada en diferentes etapas por españoles y portugueses. Llegó a pasar después por manos inglesas, durante las invasiones británicas al río de la Plata, fue parte de la provincia oriental, volvió a estar en manos portuguesas y finalmente quedó bajo soberanía del Estado Oriental del Uruguay en 1828.

Vaya si habrá sido importante Colonia con toda esa historia de batallas, conquistas y reconquistas.

¿Cómo no hablar de magia en un lugar donde se suscitaron tantos episodios, dónde hay tanta historia y donde aún quedan algunas de esas huellas?

Pero como toda historia. No todo es color de rosa. Hay algunas cuestiones que preocupan a muchos colonienses, en especial a quienes durante toda la vida vivieron en el barrio más antiguo de la ciudad. Temas como la pérdida del patrimonio intangible que han padecido. No son pocos los que recuerdan que en tiempos de dictadura militar, los pobladores locales de este barrio fueron obligados a vender y les fueron expropiadas sus casas que en su mayoría pasaron a ser propiedades de extranjeros. Todo eso con el afán del “progreso” que dichas inversiones traerían, barriendo con aquellos habitantes que nacieron y crecieron en ese lugar. Barriendo también con el valor de lo inmaterial pero que es pieza clave en cualquier comunidad: su gente. Y las casas que eran conventillos donde se juntaban las murgas y los tamboriles, los clubes sociales y deportivos donde se reunían vecinos y gente de la ciudad, pasaron a ser restaurantes de lujo y edificios que hoy no baja cada uno del medio millón de dólares en su valor. Pero ya no hay más música ni partidos de trucos, ahora sólo hay “gringos” (así le llaman a todos los turistas en Colonia no solo norteamericanos) comiendo y bebiendo.

También hay preocupación por preservar los bienes patrimoniales materiales, que muchos aseguran se han ido perdiendo por ausencia de controles. Es muchísima la gente que frecuenta el barrio histórico, principalmente los fines de semana y no todos son conscientes del valor que cada pieza y material tiene. Fácil fue corroborar esto a simple vista: gente que camina o se sienta sobre muros o piezas históricas o que también rompe para llevarse un “souvenir”.

Da la impresión de que aún Colonia es una ciudad dividida entre dos poblaciones: una turística y la local. Eso se percibe fácilmente al transitar a pie las calles de la ciudad. Cuando uno anda por el barrio histórico claramente identifica en mayor medida al público extranjero. Sin embargo, al tomar la avenida Flores hacia el norte, el público es otro y es local.

Por aquí dicen que aún hay muchos reticentes al turismo. De hecho, pude ver algunos graffitis que hacen alusión a eso. Me cuesta creer cómo en un lugar con este potencial turístico ello ocurra, pero seguramente tendría que indagar en las razones del porqué esto ocurre. Sería muy atrevido de mi parte ponerme a juzgar situaciones que ocurren en otro lugar que no es donde yo habito.

Como sea, con todas sus cosas Colonia es mágica y no me quedan dudas de que seguirá siéndolo por mucho tiempo más, como tampoco me quedan dudas de que está en los propios colonienses apropiarse más y enorgullecerse de la gran ciudad en la que viven. Una ciudad mágica, cargada de historia.

Dos piques recomendados

  • La mejor pizza de la ciudad está sin ninguna duda en “Don Joaquín”, pizzería ubicada en 18 de julio y Barbot. Más de 24 gustos para elegir y salen en tres minutos. Recomiendo la de cinco quesos.
  • El solo pasear por la Calle de los Suspiros es mágico. Imagínense sentarse en un lugar bien rústico adentro de una antigua casa ubicada precisamente sobre esta calle. Bueno, ese lugar existe y se llama “El buen suspiro”. No solo tiene una atención de primera sino que además se pueden comer muy buenas picadas y degustar buen vino. A destacar: todos son productos locales, desde los vinos hasta los quesos, refrescos y el chorizo casero.