Ganduglia: “Hay un patrimonio del interior del alma humana y de la memoria colectiva que debe ser profundizado como atractivo turístico”

Néstor Ganduglia. Foto: ViviCiudadVieja.com

El martes 23 de junio, Uruguay Alternativo organizó la instancia virtual «Turismo a escala humana en tiempos de Coronavirus» a través del Instagram. En dicha ocasión, participaron tres expositores quienes relataron sobre experiencias en materia de turismo comunitario y experiencias vivenciales para desarrollar en el marco de una situación especial generada por la pandemia. Desde la OMT se visualiza la posibilidad de que el turismo que implica menos aglomeración y mayor actividad al aire libre tendrá un crecimiento importante. Compartimos aquí la exposición del narrador Néstor Ganduglia, quien se centró en el Turismo desde la memoria popular. Los videos completos de las exposiciones pueden verse en el Instagram y Facebook de Uruguay Alternativo.

Desde hace unos cuantos años se viene poniendo en evidencia un cambio en lo que tiene que ver con las necesidades que motivan la demanda del turista. Buenas partes de esas necesidades emergentes tienen que ver con el vaciamiento de sentidos que es propio de las sociedades de mercado por las que estamos transitando, un vaciamiento de “goyete” cotidiano que se irradia desde los países más opulentos hacia estas sociedades y que tiene que ver con la producción del sentido de la vida cotidiana al círculo vicioso del trabajo obligatorio y consumo compulsivo. Eso hace que la gente busque no solo descanso, «tirarse panza arriba» y no pensar nada, sino también buscar cultura, descubrimiento, crecimiento, emociones, experiencias motivadoras e inspiradoras que dejen huella. Hay una necesidad de recuperar sensibilidad, el sentido y los significados de la vida cotidiana zafando de ese círculo vicioso. Estas necesidades nuevas contribuyen a que haya una diversificación de la oferta turística en Uruguay y en el mundo, pero aquí aún estamos lejísimos de acompasar estos procesos y de comprender hasta qué punto tenemos potencialidades magnificas para satisfacer esas necesidades nuevas.

Buena parte de mi trabajo en los últimos 30 años ha sido documentar sistemáticamente y comprender las tradiciones populares de los pueblos y he puesto un especial énfasis en la tradición oral. Es decir, en historias de pueblos que hablan de aparecidas, casas encantadas, estancias asombradas, brujas, luces malas, lobisones. Esta pasión por estos temas la traía desde chico, de los fogones camperos que para mí eran asombrosos en esos momentos porque siempre fui y soy montevideano. Allí fue donde aprendí muchísimas cosas que seguramente no hubiera encontrado en los libros. Aprendí sobre la naturaleza, la muerte y los valores comunitarios. Aprendí una pila de cosas con aquella gente que nunca tuvo la fortuna muchas veces de pisar un salón de clases. No solo aprendí sobre todas esas cosas sino también a valorizar aquellos saberes populares que siempre dejamos ocultos y barremos debajo de la alfombra como si no tuviesen un valor en sí mismo. Por eso es que hace ya como 20 años empecé a defender la creación de un turismo de aventura cultural- humano, fundado en la memoria y tradiciones populares de los pueblos. Un turismo donde la comunidad misma pueda ser protagonista en algunos casos, que dignifique los saberes, la memoria y fortalezca la identidad de la comunidad.

Mis primeras experiencias en este sentido, fueron en el 2004 trabajando en un pueblito de Colombia que en ese momento estaba muy aislado por la situación de violencia armada que estaba viviendo el país. Trabajé con un grupo de jóvenes documentando las historias de aparecidos y casas encantadas en el pueblo y después surgió la idea de crear un recorrido donde se invitara a la gente a conocer los lugares e historias asociadas a ellos. Esto tuvo un gran impacto primero entre la propia gente del pueblo y luego atrayendo visitantes de otros lugares. Aquel paseo se fue transformando en una fuente de recursos para el grupo de jóvenes locales para que facilitara la difícil situación por la que estaban atravesando.

Años después generamos las primeras experiencias de turismo mágico acá en Uruguay. Yo mismo teorizaba mi preocupación por ese vaciamiento de sentido de la cotidianidad tan propia de la dinámica de la sociedad del mercado, no hace falta ser un sabio para darse cuenta de como tendemos a caminar cada vez mas apurados por la calle, mirando el piso o mirando el teléfono celular sin mirarnos entre nosotros, perdiendo rápidamente los contenidos de la ciudad en la que vivimos, los lugares por donde pasamos, los aprendizajes y los sentidos que fueron depositando las generaciones anteriores en cada esquina, en cada casa, en cada árbol y en cada lugar reconocible. Así fue que se nos ocurrió hacer una primera experiencia que nos ayudara justamente a que la sociedad recupere la ciudad dando surgimiento a «Montevideo secreto». Al principio era un proyecto muy modesto, que consistía en hacer un recorrido por Ciudad Vieja combinando un sólido marco histórico con relatos de la tradición oral popular: leyendas, historias y simbolismos, etc. Era un recorrido extremadamente sencillo y para difundirlo pusimos un pequeño aviso en Facebook pensando en atraer a pocas personas… pero llegaron más de 300 esa primera vez. Eso nos prendió todas las señales de alarma, porque no teníamos la logística apropiada para tanta gente. Desde entonces y hasta ahora, hemos estado haciendo paseos todas las semanas con no menos de 300 personas. Poco tiempo después inauguramos otra propuesta en el Prado con más de 500 personas. Generamos también un paseo por el Barrio Sur denominado “la huella afro” que apunta a reencontrarnos con el verdadero aporte de la gente de piel negra.

Esto nos trajo un montón enorme de sorpresas y hasta ahora miles y miles de personas han pasado por estos paseos y hasta el momento no se ha desinflado la caída de visitantes. Visitantes cuya mayoría son de Montevideo, es gente que se está reencontrando con su propia ciudad. También han llegado excursiones desde el interior del país que vienen exclusivamente para estos paseos. Pero mayormente son montevideanos los que nos visitan.

He conocido personas que hacen comentarios emocionantes sobre esto. Hay gente que viene y te dice “nunca voy a volver a pasar por este lugar sin acordarme de este recorrido”. Eso demuestra la fuerza de un relato oral, que carga de sentidos a un edificio, una esquina o un lugar reconocible al punto que se vuelve una experiencia memorable.

No existe comunidad humana en ningún lugar del mundo que no tenga su propio patrimonio de relatos, de tradición oral mágica que podrían sustentar iniciativas como éstas. Cuando escucho a Tomás hablar de los pueblos del Corredor Pájaros Pintados, me dan muchas ganas de incorporar relatos mágicos que ya conozco de Belén, Villa Constitución, Carmelo, etc. Estoy seguro que  podrían darle un color nuevo a todas esas iniciativas comunitarias. Las propias comunidades no conocen el potencial que tienen en ese sentido. Si ahondamos en esas historias podrían llegar a ser realmente un atractivo. Esta primera experiencia de los paseos a pie finalmente dio lugar a un montón enorme de actividades nuevas: conversaciones a cielo abiertos, fogones (como Luna llena en el Palmar), fogones urbanos, excursiones como por ejemplo Piriápolis secreto y Colonia Secreta.

Las comunidades humanas no solo tienen un patrimonio histórico que tiene que ver con el trabajo o belleza del paisaje, también hay patrimonio del interior del alma humana y de la memoria colectiva de las comunidades y eso debe ser mucho más profundizado como atractivo turístico. Tenemos la necesidad, tenemos la demanda de un turismo diferente, tenemos los contenidos patrimoniales que pueden satisfacer demandas y necesidades, tenemos la metodología para transformar esos contenidos patrimoniales en ofertas turísticas creativas, solo falta la voluntad política y empresarial para llevar esto a cabo.