Historia del agua tónica Paso de los Toros

(*Por Leonardo Haberkorn) – Hubo un tiempo en que una fábrica fue el orgullo y el motor del pueblo: allí trabajaron casi cien personas. Hoy esa fábrica no existe, el agua tónica es propiedad de Pepsi Cola y en Paso de los Toros lo único que queda es un cartel al borde de la carretera que tiene el logotipo del agua tónica y dice: «Aquí nació Paso de los Toros». Esta es la historia de la bebida que tomó el nombre de una ciudad allá en la década del 40.

En 1924 Rómulo Mangini, un montevideano de 41 años y con estudios de química, que había llegado a la modesta ciudad para trabajar en el comercio de la familia de su esposa, instaló una pequeña fábrica de soda. Unos meses después la amplió y comenzó a industrializar el jabón Teru Teru, y en 1926 incorporó a su producción refrescos con gustos de frutas.
Pero aunque aún hoy en Paso de los Toros los viejos recuerdan el dulce sabor de la Manzanet, solo uno de aquellos productos sobrevivió y se hizo verdaderamente famoso.
Quien desafió -y ayudó- a Mangini a conseguirlo fue un inglés llegado al pueblo de la mano del ferrocarril. Se llamaba Jorge Jones y se dice que fue quien llevó el primer automóvil y la primera pelota de fútbol a la ciudad.

Por entonces, la tónica más consumida en Uruguay era la Bull Dog, importada de Inglaterra. Una de las tantas tardes en que Mangini y Jones coincidieron en el club 25 de Agosto, el inglés desafió al uruguayo: ¿por qué no fabricaba un agua tónica tan buena como la inglesa?
Mangini respondió que no sabía la fórmula y Jones le contestó que él conocía los ingredientes, pero no las proporciones. Allí mismo, Jones le dijo a Rómulo cuáles eran los componentes.
Pocos días después Mangini hizo su primer intento y se lo dio a probar al inglés. Así fueron pasando los meses, probando la fórmula uno, probando su sabor el otro.

El camino es la recompensa

Julio Monestier, un familiar de Mangini fallecido hace pocos años, cuenta en un escrito inédito que esos «largos meses de tanteos y experimentos tuvieran al fin su recompensa» el día que Jones sentenció: Esta es verdaderamente el agua tónica inglesa.
De tanto probar y probar fórmulas y licores diversos, Mangini había engordado.
Don Rómulo se lo tomaba con humor.

Apenas Jones dio el visto bueno, Mangini comenzó a fabricar el agua tónica. Las fuentes no coinciden respecto a la fecha de inicio de la producción, se sabe que fue en los años 20. Su primer nombre fue «Príncipe de Gales». La calidad del paladar de Jones fue ratificada por el público: la nueva bebida fue un éxito en el pueblo. Luego su fama llegó a la vecina Durazno. Los pedidos crecieron de tal modo que pronto Mangini dejó de fabricar jabón y se concentró en las bebidas, sobre todo en la tónica. Con el paso del tiempo y viendo que el prestigio de su agua seguía creciendo, le cambió el nombre para homenajear al pueblo donde la había creado: Paso de los Toros.

El comienzo de un éxito creciente

En la pizzería 18 de Julio, en Paso de los Toros, todavía conservan tres de aquellas primeras botellitas, que cada día eran más requeridas. En 1946 ya se vendían en Montevideo con gran éxito.
Pero eso comenzó a generarle un problema a Mangini: su fábrica no daba abasto y él carecía del capital necesario para ampliarla.

Mangini le propuso a un distribuidor montevideano de apellido Sanguinetti que lo ayudara a conseguir apoyo de otros comerciantes. Pero según recuerdan algunos, Sanguinetti le respondió: «Con esas agüitas sucias no vas a hacer mucho».

Consiguió los capitales en 1947. Dos acaudalados hombres de Durazno -Frank Marshall y Adolfo Caorsi- se asociaron con don Rómulo para fundar la Sociedad Anónima Agua Tónica Paso de los Toros. Además, se pusieron en venta acciones en el pueblo, a diez pesos cada una.
En 1947 ya había cuatro camiones para llevar el agua tónica a Montevideo y cada uno hacía tres viajes por semana.

El 17 de julio de 1948 el periódico isabelino La Idea homenajeó a Mangini y «a la consagrada y recomendada Agua Tónica, conocida y apreciada, no solo por su sabor exquisito sino también por sus condiciones medicinales».
«En honor a la verdad-se decía- es la única fábrica que funciona en esta villa, y que merced al esfuerzo incesante de su gestor y director-técnico, ha llegado a un grado de perfeccionamiento y actividad que ya no solo es conocida en este centro de la República, sí que también en el litoral, playas del Este y en la misma metrópoli»

Precisamente tal era el crecimiento de la demanda en la metrópoli, que a principios de los años 50 Mangini y sus socios instalaron una segunda fábrica, en la avenida Millán, en Montevideo.

El rico patrimonio al bajo precio de la necesidad

«Un día llegaron a Paso de los Toros unos representantes de Pepsi Cola y comenzaron a ofrecer dinero por las acciones de la fábrica «, recuerda Pedro Armúa en su “Historia de Paso de los Toros”. «Mucha gente las tenía olvidadas en los roperos. Fue un revuelo, todo el mundo buscando. Pepsi las pagaba muy bien y todos las vendieron locos de la vida».
Pepsi se dedicó, paso a paso, socio a socio, a conseguir la mayoría de la empresa y lo logró el 14 de febrero de 1955. Con la mayoría también consiguió la fórmula secreta.
Aquello fue duro para Mangini y así el capital accionario del presidente quedó en minoría. El viejo luchador sintió hondamente que la empresa de toda su vida ya no era ‘su empresa’. Mangini murió.

“Murió el Viejo y todo cambió», señaló Mautone un ex empleado de Mangini y recordó que todas las bebidas «las hacíamos con agua corriente, pero la soda y la tónica se hacían con agua de un pozo que estaba en la misma fábrica. La tónica nunca fue la misma, porque el secreto era el agua de ese pozo. Ahora es agua dulce nomás».
Todos los que vieron la tónica de Mangini, concuerdan en que tenía reflejos azules.
«Era azulada. Uno la ponía a contraluz y veía el tornasol que formaba el aceite que llevaba, extraído de la cáscara de la naranja. La de antes le sacaba el dolor de estómago como si fuera un medicamento. Ahora es todo hecho en base a productos químicos. Nunca va a ser igual», dijo el ex empleado Álvarez.
Después de la muerte de Mangini, Pepsi cerró la fábrica de Paso de los Toros y la tónica fue fabricada solo en Montevideo. «Afortunadamente, el destino no quiso que él fuera testigo del desmantelamiento y la desaparición de la planta embotelladora isabelina, (…), drama al que la población local asistió con asombrosa pasividad y que constituyó una injusticia histórica para el creador del producto que ha paseado el nombre de Paso de los Toros por el mundo», escribió Julio Monestier, familiar de Mangini.
Pepsi insistía ante la familia de Mangini para que vendieran las acciones que aún permanecían en su poder. La viuda de Rómulo falleció en 1958. En 1961 la hija del matrimonio Mangini accedió a vender.

Lo que queda de mí

El local donde estuvo instalada fábrica todavía existe, frente a la estación de trenes de Paso de los Toros, en una calle rebautizada Rómulo Mangini aunque los carteles todavía no fueron cambiados y conservan el nombre anterior: Treinta y Tres.
En la fachada aún se lee «establecimiento industrial». Adentro todavía está el pozo de donde se extraía el agua de la tónica. Está sellado y -dice la leyenda- lleno de vidrio, arrojado cuando se cerró la fábrica. Sobre el techo aún cuelgan, inútiles, algunos de los caños por donde circularon los brebajes que inventaba el Viejo. También se conserva la puerta original de la cámara frigorífica.
Más allá de eso, de la fábrica no queda nada. La mitad del local es hoy un galpón semivacío; la otra mitad, una oficina pública.

En Paso de los Toros no todos se resignan a que aquello se haya ido para siempre. «Se ha movilizado gente para que Pepsi Cola abra una fabrica acá, aunque sea chica, para que los que llegan y preguntan por el agua tónica tengan algo para ver. Pero no hay interés»; lamentó Gustavo Reisch, periodista local.
Los intentos son cíclicos. Ramón Anzalá era presidente del centro comercial cuando una delegación fue a hablar con Pepsi en 1982. Se les respondió que la empresa «tenía una dependencia prácticamente total de su casa central en Estados Unidos» y que allí ni se pensaba en reabrir la fábrica.

La historia dio la razón al olfato empresarial de Pepsi. «El agua tónica Paso de los Toros es un fenómeno sorprendente, demostrado por su triunfo absoluto sobre las otras aguas tónicas contra las cuales compitió «, dice el folleto de Pijuán.
Paso de los Toros fue lanzada en Argentina en 1964 y conquistó 95% del mercado, un guarismo impresionante si consideramos que su único y gran oponente (agua tónica Cunnington) contaba con un firme arraigo desde 1940», agrega.
En Uruguay su imposición es mayor aun. Según el departamento de marketing de la Pepsi local, Paso de los Toros acapara prácticamente el 100% del mercado de las tónicas.

En Paso de los Toros existen emociones cruzadas respecto a la historia del agua tónica.
«Mangini pudo haberse hecho multimillonario, pero cometió el error de hacer una sociedad anónima «, dice Álvarez, ex empleado de la fábrica.

«Es un orgullo. Muchas veces no nos conocen como pueblo, pero nos conocen a través del agua tónica. Gracias a ella saben que existimos. Eso es muy importante. Lamentablemente no dejaron nada acá. En vez de adelantar al pueblo, lo atrasó «, resume Álvarez.

Durante años, en casa de los descendientes de Mangini, no se mencionó a la Tónica, ni a la fábrica perdida ni a los millones que Pepsi gana con el invento de su padre y abuelo.

Nada quedó finalmente de la fábrica para la familia. El dinero que se obtuvo por la venta de las últimas acciones sirvió para hacer una casa y se acabó.
Las pocas veces que «el manto de silencio » se quebraba, la hija de Mangini «solo pedía que ojalá se reconociera un día el mérito de su padre para que alguien en la familia pudiera aprovecharlo».
En cierto modo sus ruegos fueron escuchados. En los últimos años, Pepsi quiso demostrar su deuda de gratitud con dos hechos: en 1992 una nueva planta inaugurada en Colonia fue bautizada «Rómulo Mangini». Además, se ofreció a la familia que eligiera a uno de los nietos para ingresar a la empresa. Hoy Roberto trabaja en la planta que lleva el nombre de su abuelo.

*Publicado en la revista Tres, el 23 de agosto de 1996. Este reportaje integra el libro 9 Historias Uruguayas (Ediciones de la Plaza, 2004), recientemente reeditado como Historias uruguayas (Sudamericana, 2014).