Pueblo Cañas

Allá por 2013, en ocasión de uno de los viajes de “El Gran Tour”, fue cuando conocí un pequeño poblado de Cerro Largo situado en la frontera entre Uruguay y Brasil, a 30 kilómetros de Melo.

Ese poblado se llama Cañas. Habitan aquí unas 72 personas (según censo 2011) y el caserío se concentra a partir de viviendas de Mevir. Se accede por camino vecinal desde la ruta 26 a la altura del km 32, del tramo que une Melo con Río Branco.

Para quienes gustan del canto popular, seguramente muchos conozcan una canción de Washington Benavides (en particular la intepretación de Larbanois & Carrero), que hace mención a Cañas. La canción comienza diciendo “Fue por Cañas que encontré, en un rancho entre las sierras…”. Lo cierto es que se refiere a un paraje del departamento de Tacuarembó, aunque bien podría aplicarse a esta localidad de Cerro Largo donde también frecuentan sierras y ranchos de barro. Lucas Sugo también ha hecho una versión de este tema en un estilo más «charanga».

Precisamente el paisaje rural y serrano, es algo que se destaca en este lugar y la bicicleta es un medio más que recomendable para visitarlo.

Entre sus particularidades, se trata de la localidad del Uruguay que cuenta con mayor cantidad de habitantes afrodescendientes. Según cuenta la historia, vienen de familias de esclavos brasileños que llegaron a estas tierras, en busca de la libertad, ya que en Uruguay se había abolido la esclavitud.

Otra particularidad es que la luz eléctrica llegó a esta zona, hace muy pocos años. Los habitantes aún recuerdan con gran emoción este hecho ocurrido en 2013 en el marco de uno de los proyectos de electrificación rural más importantes en la historia del país.

Grayeras

No muy lejos de aquí, entre el paraje “Los Montecitos” y Cañas y donde nace el arroyo homónimo, se encuentran las Grayeras, cuya historia es conocida por los vecinos de la zona.

El término “grayera” deviene del lenguaje portuñol que es común en esta parte del país. En español significa grasera- de fundir grasa de animales.

Se encuentra en un monte cerrado, donde hay diez cuevas en las cuales vivían los contrabandistas que se dedicaban a esconder mercaderías que traían de Brasil, fundir sebo de animales y vender luego la grasa. Derretían la grasa dentro de cuevas de piedra, y de eso vivían, muchas veces de animales abigeados. La grasera se ha conservado porque es un lugar aislado, por lo cual es posible visitarla.