San Javier, la colonia rusa en Uruguay

San Javier es uno de los «pueblos con encanto» destacados dentro del Corredor de los Pájaros Pintados. Cuenta con una población de 1680 habitantes, según el último censo del año 2011. La localidad tiene como particularidad una enseñanza bilingüe en la Escuela Pública, se dictan clases tanto en español como en ruso. Las tradiciones se mantienen fuertemente en éste lugar, parte importante de ello se debe al centro cultural Máximo Gorki.

Otro de los atractivos aquí, es comer platos típicos rusos como pirayorshky, empanadas rusas acompañadas de papas o boniatos, shaslik, semillas de girasol tostadas o piroj que es un postre  de zapallo. También se puede probar la bebida típica, el “vino de los rusos” conocido como kwas.

Los visitantes pueden encontrar recorridos por senderos, paseos en lancha por el río, camping, cabalgatas, avistamiento de aves, alojamiento y pesca deportiva.

Cada año se celebra (último domingo de julio) el aniversario de San Javier, desarrollándose bailes con trajes típicos, desfile de los habitantes del lugar y venta de comida rusa. También, en marzo, se lleva a cabo la Fiesta del Girasol que es otro de los homenajes al grupo de inmigrantes rusos fundadores de San Javier, se festeja la introducción de la semilla del girasol al país y su posterior industrialización por parte de dichos inmigrantes.

Puerto con historia

El balneario Puerto Viejo es el lugar sobre el río Uruguay en el que desembarcaron los inmigrantes rusos –unas 300 familias- que fundaron la colonia San Javier, en julio de 1913. Estas familias practicaban la religión «Nuevo Israel», llegaron a esta zona en busca de libertad religiosa, ya que eran perseguidos por el régimen zarista. Su líder era Basilio Lubkov. El gobierno Uruguayo de la época le cedió a éstas familias, tierras donde habitar y trabajar.  Fueron pioneros en Uruguay en la producción de aceite de girasol, aunque este cultivo ya no forma parte del paisaje rural que rodea al pueblo, donde ahora mayormente abunda la soja.

Aquí ocurrió el último crimen de la dictadura

Vladimir Roslik Bichkov, oriundo de San Javier e hijo de inmigrantes rusos, fue un médico egresado de la Universidad Patrice Lumumba, en la antigua Unión Soviética. Aquella ayuda para jóvenes del Tercer Mundo, otorgada por la URSS, sería luego su estigma. El joven médico, que debió revalidar su título para ejercer, sería demonizado, al punto que el antecedente motivaría su prisión durante una semana cuando, en julio de 1973, se dio el golpe de Estado. Años después, en abril de 1984 fue asesinado por tortura en el batallón Nº 9 de Fray Bentos, siendo su homicidio el último crimen de la dictadura cívico-militar en Uruguay (1973-1985) pocos meses antes de la reinstauración del régimen democrático en el país.

El crimen sigue amparado por la Ley de Caducidad, aunque los testimonios y documentos demuestran las responsabilidades políticas y penales. Sobre la tumba de Roslik puede leerse: “Querido papá, seguiremos tu ejemplo, dando amor donde haya odio y violencia, sólo así podremos devolverte la sangre inocente que por nosotros derramaste”.