Tacuarembó, tierra de charrúas

Memorial Charrúa. Foto: El Telégrafo

Aunque Tacuarembó se promociona al mundo como la tierra de Gardel, o la ciudad donde se realiza la tradicional Fiesta de la Patria Gaucha, hay un hecho histórico de suma trascendencia que tristemente no cuenta con tanta difusión: Tacuarembó es la tierra de los últimos charrúas, donde aún en estos días siguen apareciendo vestigios de aquella población. Y no solo son restos arqueológicos. Son sobre todo, la gran cantidad de pobladores con ascendencia charrúa que habitan este departamento, nada más ni nada menos que el 60% de los habitantes.

Hay un enunciado muy popular que dice “la historia la escriben los vencedores”. Tacuarembó no es la excepción, y la verdad que me resulta inconcebible como aún en los tiempos que corren, los charrúas no forman parte del nomenclátor de la ciudad, así como tampoco son recordados en monumentos y plazas. El único espacio donde pude encontrar alguna alusión a esta población, es en el Museo del Indio y el Gaucho, donde básicamente es posible ver algunos objetos indígenas y gauchescos.

Parece poco, siendo que existe un fuerte vínculo de Tacuarembó con los charrúas, relacionado con dos cuestiones. Por un lado, en tierras tacuaremboenses fueron casi exterminados los charrúas; y en segundo lugar, el incipiente surgimiento de la ciudad.

Fructuoso Rivera, Primer Presidente constitucional de la República, fue responsable–principalmente a través de su sobrino Bernabé Rivera – en el exterminio de la población charrúa y guaraní. En ese sentido, el episodio más destacado tuvo lugar en la llamada Matanza de Salsipuedes, ocurrida en abril de 1831. Ante los reiterados ataques a estancias de parte de indígenas charrúas, a los que se unieron grupos guaraníes que habían huido de Bella Unión debido a las malas condiciones de vida imperante, Rivera invitó a varios caciques a un parlamento. Se trataba de una trampa, en que fueron masacrados centenares de indígenas. El hecho es referido como punto culminante del exterminio o genocidio del pueblo charrúa.

De esa matanza escaparon muy pocos individuos y se los tuvo por exterminados a partir del envío a París, a efectos de ser «estudiados» y ser exhibidos como parte de un show circense, conocido como los últimos charrúas, pequeño grupo formado por una mujer y tres hombres.

Al año siguiente, el coronel Bernabé Rivera fundó la villa bajo el nombre de San Fructuoso, un 21 de enero de 1832, por celebrarse en el día del santo homónimo en el calendario cristiano, aunque también hay versiones de que debe su nombre al mismísimo Gral. Rivera. El origen de la ciudad fue precisamente con el fin de detener la “barbarie”.

Por tanto, si es descabellado el hecho de que en tantas ciudades existan avenidas, monumentos y plazas que recuerdan a Fructuoso y Bernardo Rivera, más disparatado es que justamente en Tacuarembó, donde existía la mayor población de charrúas, aún haya tantas referencias a los genocidas y no precisamente a los indígenas.

Ojalá poco a poco, los uruguayos y principalmente los tacuaremboenses, despierten de una injusta realidad en la cual los charrúas, a esos a los que tan seguido solemos recordar con metáforas futboleras,  siguen ocultos en el relato de la propia historia de Tacuarembó y del país.

Fuente: Un gran tour al rescate de nuestra identidad (2018)