Un día inolvidable en Salto

Siendo cerca de las siete de la mañana y como pocas veces acostumbro un sábado, ya estoy levantado pronto para vestirme y salir una vez más a hacer ruta. El destino sería la ciudad de Salto. La invitación había llegado hacía unos pocos días por parte de Marco, amigo escritor y periodista. Nunca hubiera imaginado la vivencia emotiva que esa jornada me depararía.

Este amigo me había comentado que desde hacía unos meses venía asistiendo a Salto periódicamente para un taller de escritura con un reconocido autor uruguayo. En realidad, la invitación originalmente era más bien para Angie (mi compañera), dado que ella también gusta de las letras y escribe.

Aquel autor que estaba dando esos talleres era el gran Mario Delgado Aparaín, el mismo que con una de sus obras me inspiró tanto respeto, cariño y admiración por la historia de la Heroica Paysandú a través de la notable novela titulada “No robarás las botas de los muertos”[1].

El lugar de encuentro sería la casa del escritor salteño Enrique Amorím, hoy convertida en Museo y espacio cultural.

Siete AM casi en punto se escucha un auto parar en la puerta de casa, a la misma vez que suena un mensaje cayendo en el celular: llegó puntual Marco y tal como había prometido, viene con el mate pronto. Aunque fui oficiando durante el viaje como cebador, tuve que hacer frente a sus quejas acusándome de desarmarle la montañita y lavarlo.

Tomamos ruta 3 hacia el norte, mientras el sol de a poco iba levantando y calentando la mañana. Ni bien llegamos a la ciudad salteña, nos dirigimos al chalet “Las Nubes”.

Charlas de Abuelo

Aún había poco movimiento en la vuelta, aunque poco a poco fueron llegando los participantes. Mientras aguardábamos por el comienzo del taller, yo embromaba con dormir alguna siestita bajo la sombra de algún árbol, imaginando la posibilidad de que se tratara de un taller más bien “técnico” en el cual yo podría quedar medio pintado.

Después de una larga espera, sonriente apareció el gran Mario Delgado a quien todos los presentes saludamos con admiración. Y sin mucha introducción, comenzó lo que sería la última de las charlas que el autor venía desarrollando en este lugar desde hace unos meses. Y poco a poco se fue creando la atmósfera, esa de la cual escritores como el mismo Mario dicen es la clave para una buena historia. Y así, poco a poco, todos quedamos escuchando sabias palabras de un tipo sencillo y común que más que técnicas de escritura, se refirió a aspectos tan humanos y elementales como la memoria, esa a la cual en tantas ocasiones se refirió otro gran Mario (Benedetti).

Fueron apareciendo naturalmente los recuerdos a los abuelos, a los que de alguna u otra forma en este momento Mario Delgado Aparaín estaba representando con sus palabras.

Me quedó flotando en mi cabeza una reflexión que hiciera en la ocasión. Para valorarnos y querernos a nosotros mismos, es necesario conocer nuestro pasado. En tal sentido, surge la necesidad de conectarnos con nuestros abuelos, nuestros padres e investigar de donde vienen, de dónde venimos.

Surgió por ahí el problema de las nuevas tecnologías de comunicación. Es cierto que ha generado avances en varios aspectos, pero también retrocesos en cuanto a la parte humana. Hoy hay más formas de conexión, pero también hay mayor desconexión entre las personas y también más distracciones innecesarias generadas por un sistema salvajemente capitalista en el cual se pierde la interacción humana en virtud de un confort sin sentido y aislante.

Al terminar la charla, tuvimos la suerte de seguir compartiendo diálogos y abrazos con este gran escritor y mejor persona. Uno de los momentos más intensos fue cuando con Angie le contamos sobre nuestro futuro hijo, el cual se llamará Leandro. Esa misma mañana lo declaramos como otro de los abuelos de este milagrito en camino.

Una mañana cargada de emociones, momentos que no se olvidarán jamás.

Tras los pasos de Quiroga

Al terminar el taller nos fuimos a comer algo y posteriormente dispusimos a seguir de paseos por la ciudad.

Hace unos años cuando con “El gran tour” de Uruguay Alternativo anduvimos por Salto, fuimos al museo de Horacio Quiroga, uno de los escritores latinoamericanos más importantes de todos los tiempos nacido en esta ciudad. En aquella ocasión fue una visita express, por lo tanto, ésta iba a ser una buena oportunidad para adentrarnos en aquella casa donde viviera el escritor en su juventud.

En el museo se pueden encontrar objetos personales del escritor (hasta una bicicleta) y la urna funeraria que contiene sus cenizas. Además, existe una sala dedicada a la renombrada poetisa salteña:Marosa Di Giorgio y en la parte inferior de la casa se ubica el Museo de la Historieta que recuerda a José Suarez “Peloduro”.

Si bien el lugar está bien cuidado, sinceramente la propuesta no colmó mucho nuestra expectativa y a priori creo que es un lugar que no está bien explotado en el sentido de que funciona más como un espacio museístico “monumental” que espacio viviente. En lo personal, considero que hoy en día los museos sobreviven si constantemente se generan propuestas que le den vida. Difícilmente puedan persistir aquellos lugares estáticos donde solamente se muestren colecciones o piezas históricas. Es necesario idear y aportar contenidos para que sobrevivan.

Llama la atención además, lo poco aprovechado que está la figura de Quiroga como potencial turístico-cultural.

Hace unos meses con Angie hicimos una excursión a Cataratas del Iguazú y recuerdo que cuando pasamos por San Ignacio (Misiones) –reconocida por sus ruinas jesuíticas- en todos lados se hacía mención a este autor, que también supo vivir allí y de hecho inspiró muchos de sus cuentos en la selva misionera.

La gran diferencia está en que lo misioneros saben explotar a Quiroga, pero acá en Salto –tal como ocurre con otras tantas cosas en Uruguay- aún noparecen ser conscientes del valor de algunas cuestiones que deberían ser motivo de orgullo para la comunidad y el desarrollo turístico.

Mientras recorríamos el lugar acompañados de un funcionario del museo, me voy acordando de lo impresionante que me resultó leer los Cuentos de amor, locura y muerte cuando era un niño. Cómo olvidar “El almohadón de plumas”, “A la deriva” y “La gallina degollada”, relatos que erizan a cualquiera que los lea.

Quienes conocen más de literatura, dicen que Quiroga estaba influido por autores como Edgar Allan Poey Guy de Maupassant. Como sea, se trata de un escritor que narra magistralmente la violencia y el horror que se esconden detrás de la aparente apacibilidad de la naturaleza. En otras palabras, Quiroga fue un fenómeno de la literatura mundial en su estilo.

Quienes estén interesados en una visita guiada a la Casa de Amorim y el Museo Quiroga, pueden consultar este sitio web.

[1] Esta novela fue publicada en 2002, a través de personajes creados por Delgado se narra la historia de los 33 días que duró el sitio a Paysandú perpetrado entre 1864 y 65. Obtuvo el premio “Bartolomé Hidalgo” en 2003, entregado por la Cámara uruguaya del Libro.

 

El chalet Las Nubes depende actualmente de la Intendencia de Salto y el Ministerio de Educación y Cultura (Comisión del Patrimonio Cultural de la Nación). Se trata de la casa del escritor Enrique Amorim,narrador, poeta, dramaturgo, ensayista y guionista cinematográfico, conocido especialmente por su novela La carreta (1932).

La casa fue construida hacia 1930 siguiendo los principios de la arquitectura racionalista del suizo-francés Charles Le Corbusier, el mismo que en 1930 bautizó de “enano con galera” al Palacio Salvo y recomendó su demolición urgente.

La casa aún continúa con el mobiliario y el equipamiento original. Los lugares de trabajo y lectura del escritor, la intimidad del comedor y dormitorio, los recuerdos de viajes, las obras pictóricas, las fotos de familiares y de sus vínculos intelectuales como Jorge L Borges, Walt Disney, Francisco Espínola, Estefan Erzia y Federico García Lorca, a quien Amorim promovió la erección del primer monumento en su honor, a nivel mundial.